Dos terremotos consecutivos sacuden Venezuela en un día festivo y dejan decenas de muertos y centenares de heridos

Las primeras evaluaciones realizadas por autoridades venezolanas y organismos internacionales indicaron que cerca de 3,9 millones de personas estuvieron expuestas a niveles severos de sacudida sísmica. La violencia de los movimientos fue percibida no solo en la totalidad del territorio venezolano, sino también en regiones de Colombia, el Caribe e incluso en algunas zonas del norte de Brasil - Foto: Captura Vídeo Redes Sociales

Las primeras evaluaciones realizadas por autoridades venezolanas y organismos internacionales indicaron que cerca de 3,9 millones de personas estuvieron expuestas a niveles severos de sacudida sísmica. La violencia de los movimientos fue percibida no solo en la totalidad del territorio venezolano, sino también en regiones de Colombia, el Caribe e incluso en algunas zonas del norte de Brasil - Foto: Captura Vídeo Redes Sociales

Venezuela vivió el miércoles 24 de junio de 2026 una de las mayores tragedias naturales de su historia reciente, luego de que dos terremotos de gran magnitud sacudieran el centro-norte del país con apenas segundos de diferencia, provocando el colapso de edificios, daños generalizados en infraestructura y un elevado número de víctimas. La emergencia se produjo precisamente durante el feriado nacional en conmemoración de la Batalla de Carabobo y el Día del Ejército Bolivariano, una fecha festiva en la que miles de personas se encontraban en sus hogares o participando en actos conmemorativos.

El primero de los movimientos telúricos ocurrió a las 6:04 de la tarde, hora oficial de Venezuela (22:04 UTC), y alcanzó una magnitud de 7,2. Apenas 39 segundos después, un segundo sismo, aún más fuerte, registró una magnitud de 7,5, convirtiéndose en el terremoto más poderoso registrado en territorio venezolano desde comienzos del siglo XX, según los reportes preliminares de organismos internacionales de monitoreo sísmico.

Los epicentros de ambos movimientos se localizaron en el centro-norte venezolano, en las cercanías del municipio Veroes, en el estado Yaracuy, y en áreas próximas a la costa caribeña de Venezuela, al oeste de la localidad de Morón. La poca profundidad de los sismos, estimada entre siete y trece kilómetros, amplificó considerablemente la intensidad de las sacudidas en superficie.

Las primeras evaluaciones realizadas por autoridades venezolanas y organismos internacionales indicaron que cerca de 3,9 millones de personas estuvieron expuestas a niveles severos de sacudida sísmica. La violencia de los movimientos fue percibida no solo en la totalidad del territorio venezolano, sino también en regiones de Colombia, el Caribe e incluso en algunas zonas del norte de Brasil.

Durante las primeras horas posteriores a la tragedia, las autoridades reportaron un balance preliminar de 32 personas fallecidas y más de 700 heridas. Sin embargo, conforme avanzaron las labores de rescate y evaluación de daños, el número oficial ascendió a 164 muertos y 971 lesionados, mientras continuaban las operaciones de búsqueda entre los escombros.

La dirigente venezolana Delcy Rodríguez informó además que, tras los dos terremotos principales, se habían registrado al menos 30 réplicas, lo que incrementó la preocupación entre la población y dificultó las labores de rescate y estabilización de estructuras afectadas.

El estado de La Guaira fue identificado rápidamente como la zona más golpeada por la catástrofe. Las autoridades declararon esta región como “zona de desastre” después de que decenas de edificios residenciales y comerciales colapsaran total o parcialmente, especialmente en sectores cercanos a Catia La Mar y otras poblaciones costeras.

La capital venezolana, Caracas, también sufrió graves afectaciones. Numerosos edificios residenciales y oficinas presentaron daños estructurales, mientras miles de habitantes abandonaron sus viviendas y pasaron la noche en plazas, parques y espacios abiertos por temor a nuevas réplicas.

Además de La Guaira y Caracas, las autoridades confirmaron afectaciones significativas en los estados de Miranda, Aragua, Yaracuy, Lara, Falcón, Carabobo y Mérida, donde se reportaron colapsos parciales de edificaciones, daños en carreteras, interrupciones eléctricas y afectaciones a hospitales y servicios públicos esenciales.

En el estado Falcón, los organismos de emergencia reportaron decenas de personas hospitalizadas y varios ciudadanos atrapados bajo estructuras colapsadas durante las horas posteriores al desastre. Equipos de rescate locales y nacionales fueron desplegados hacia las zonas más comprometidas para acelerar la búsqueda de sobrevivientes.

La infraestructura estratégica del país también sufrió daños importantes. El Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía suspendió temporalmente sus operaciones debido a afectaciones estructurales, mientras las autoridades ordenaron la suspensión de actividades académicas y administrativas en varias regiones.

Ante la magnitud de la tragedia, Delcy Rodríguez decretó el estado de emergencia nacional y ordenó la movilización inmediata de todos los organismos de protección civil, fuerzas armadas, cuerpos de rescate y personal sanitario disponible en el país. Asimismo, solicitó apoyo internacional para fortalecer las operaciones de búsqueda y atención humanitaria.

La funcionaria señaló que más de veinte centros hospitalarios públicos y privados del área metropolitana de Caracas fueron puestos en máxima alerta para atender a los heridos, mientras brigadas especializadas comenzaron a llegar desde distintos países para apoyar las labores de rescate urbano.

Delcy Rodríguez también hizo un llamado a la población para mantener la calma y permanecer atenta a las instrucciones oficiales, advirtiendo que las réplicas podrían continuar durante varios días. Paralelamente, anunció la militarización de algunas de las zonas más afectadas para facilitar las operaciones de rescate y garantizar el orden público.

Los dos terremotos del 24 de junio configuraron un fenómeno conocido como “doblete sísmico”, caracterizado por la ocurrencia de dos grandes movimientos telúricos en un intervalo extremadamente corto. Expertos internacionales advirtieron que esta combinación, sumada a la poca profundidad de los epicentros y a la vulnerabilidad de parte de la infraestructura urbana venezolana, explica la magnitud excepcional de la devastación observada en las primeras horas posteriores al desastre.

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