Hutíes: de milicia yemení a amenaza regional para Arabia Saudita

Arabia Saudita ha demostrado capacidad para interceptar estas armas. El 19 de septiembre, por ejemplo, las autoridades sauditas dijeron haber destruido el misil balístico dirigido contra Riad y haber frustrado ataques contra otras ciudades y contra Yanbu - Foto: Redes Sociales

Arabia Saudita ha demostrado capacidad para interceptar estas armas. El 19 de septiembre, por ejemplo, las autoridades sauditas dijeron haber destruido el misil balístico dirigido contra Riad y haber frustrado ataques contra otras ciudades y contra Yanbu - Foto: Redes Sociales

Los ataques de los hutíes contra Arabia Saudita han entrado en una fase distinta. El 19 de septiembre, el grupo lanzó un misil balístico hacia Riad que, según las autoridades sauditas, fue interceptado, mientras también se reportaron intentos de ataque contra Bisha, Taif, Farasan y Yanbu. Fue la primera alerta aérea en la capital desde el comienzo de la actual escalada en julio.

La dimensión más relevante no está solamente en que un misil haya sido dirigido contra Riad. Está en la combinación de armas empleada por los hutíes: misiles balísticos, misiles de crucero y drones. Esa mezcla obliga a Arabia Saudita a enfrentar amenazas con velocidades, trayectorias, alturas y características diferentes.

Los hutíes, formalmente conocidos como Ansar Allah, siguen siendo una organización armada no estatal con capacidades muy inferiores a las de las Fuerzas Armadas sauditas. No disponen de una fuerza aérea comparable, ni de una red de sensores, satélites y sistemas de mando equivalente a la de un Estado con los recursos de Arabia Saudita.

Su ventaja está en otro lugar. Han construido una capacidad de guerra de largo alcance suficientemente sofisticada para atacar ciudades, instalaciones energéticas y rutas marítimas desde Yemen, mientras utilizan armas relativamente económicas y aprovechan tecnología y asistencia procedentes de Irán. El IISS considera que esa ayuda continúa siendo fundamental para las capacidades más avanzadas del grupo.

El arsenal hutí tampoco puede describirse simplemente como un conjunto de armas iraníes entregadas a una milicia. El grupo ha desarrollado capacidades propias de fabricación, especialmente en drones y algunos misiles de corto alcance, al tiempo que mantiene una dependencia importante de Irán para sistemas más complejos.

Esa combinación es precisamente lo que dificulta establecer una cifra exacta sobre el tamaño de su arsenal. Parte de las armas son importadas; otras son ensambladas localmente; algunas incorporan componentes comerciales y otras dependen de tecnología militar especializada.

En materia de misiles balísticos, el IISS distingue entre diferentes niveles de complejidad. Algunos misiles de corto alcance, con alcances de hasta unos 200 kilómetros, probablemente pueden ser fabricados dentro de Yemen, aunque incluso en esos sistemas componentes críticos, como los sistemas de guiado, pueden depender de Irán.

La situación cambia cuando se trata de misiles balísticos de alcance medio. Sistemas utilizados por los hutíes contra Israel, como los denominados Palestine-1 y Palestine-2, son considerados derivados de sistemas iraníes y demasiado complejos para la producción local en Yemen. El IISS considera que son suministrados directamente por Irán.

El Zulfiqar representa otra categoría. Se trata de un misil balístico de combustible líquido relacionado con diseños iraníes y empleado por los hutíes en operaciones de largo alcance. Su importancia reside en demostrar que la organización puede disponer de sistemas capaces de superar ampliamente las distancias necesarias para amenazar buena parte del territorio saudita.

El alcance, sin embargo, no debe confundirse con precisión. Tener un misil capaz de recorrer más de mil kilómetros no significa necesariamente poder colocar una ojiva con exactitud sobre cualquier objetivo situado a esa distancia. Para ello son indispensables inteligencia, navegación, reconocimiento del blanco y sistemas de guiado adecuados.

Esa es una de las principales limitaciones hutíes. El grupo carece de las capacidades de inteligencia y vigilancia propias de una gran potencia militar. El IISS señala que no dispone de recursos avanzados como satélites o aeronaves especializadas de patrulla que faciliten ataques de larga distancia contra objetivos móviles.

Los misiles de crucero agregan otra dificultad a las defensas sauditas. Los sistemas de la familia Quds están asociados tecnológicamente con diseños iraníes y pueden aproximarse al objetivo a menor altura que un misil balístico, lo que modifica las condiciones de detección e interceptación.

En este segmento la dependencia tecnológica de Irán es todavía mayor. El IISS considera que los hutíes no tienen capacidad industrial para producir determinados componentes esenciales de estos misiles, entre ellos pequeños motores turbojet y buscadores de radar utilizados en algunas variantes antibuque.

Los drones constituyen probablemente el componente más flexible del arsenal hutí. El grupo utiliza vehículos aéreos no tripulados de ataque de diferentes tamaños y complejidades, algunos producidos localmente y otros basados en diseños o componentes iraníes.

El Sammad-3 es especialmente significativo porque representa la capacidad hutí de fabricar dentro de Yemen un dron de ataque de largo alcance relativamente sencillo. Según el IISS, los ejemplares recuperados muestran una fabricación de baja calidad industrial, pero suficientemente funcional para cumplir misiones de largo alcance.

Esa capacidad no significa independencia tecnológica completa. Incluso los drones que pueden producirse en Yemen utilizan componentes extranjeros, como motores, sistemas de navegación y elementos electrónicos. La diferencia es que muchos de esos componentes pueden obtenerse comercialmente, lo que hace más difícil impedir completamente su adquisición.

Los sistemas más avanzados, como determinadas variantes asociadas con Shahed-131, Shahed-136 y Yaffa, contienen una proporción mayor de componentes y tecnologías iraníes. En consecuencia, el grado de dependencia externa aumenta con la sofisticación del arma.

El modelo resulta militarmente atractivo porque un dron relativamente barato puede obligar al adversario a utilizar un interceptor mucho más costoso. El objetivo no es necesariamente destruir el sistema defensivo, sino generar una relación de costos desfavorable para quien intenta defenderse.

Allí aparece el concepto de saturación. Un ataque compuesto por drones lentos, misiles de crucero de vuelo bajo y misiles balísticos rápidos obliga a los defensores a identificar y clasificar simultáneamente amenazas diferentes.

Arabia Saudita ha demostrado capacidad para interceptar estas armas. El 19 de septiembre, por ejemplo, las autoridades sauditas dijeron haber destruido el misil balístico dirigido contra Riad y haber frustrado ataques contra otras ciudades y contra Yanbu.

Pero una defensa aérea no tiene que ser completamente derrotada para que un atacante consiga un efecto estratégico. Basta con que una parte de las armas penetre, obligue a cerrar instalaciones, genere interrupciones o consuma una cantidad considerable de interceptores.

Esa presión sobre los sistemas defensivos es particularmente importante en la actualidad. Arabia Saudita enfrenta una campaña hutí dentro de una guerra regional mucho más amplia, en la que los países del Golfo han tenido que emplear grandes cantidades de interceptores contra misiles y drones. El IISS ha advertido sobre el consumo acelerado de interceptores de largo alcance en la región.

Por eso, la cuestión no es solamente cuántos misiles poseen los hutíes. También importa cuánto tiempo puede Arabia Saudita mantener una defensa de alta intensidad sin agotar municiones, equipos y personal.

El antecedente más importante para entender esta vulnerabilidad es el ataque de septiembre de 2019 contra las instalaciones de Abqaiq y Khurais. Aquella operación provocó una interrupción temporal de una parte extraordinariamente grande de la producción petrolera saudita y demostró que una infraestructura energética crítica podía ser afectada por una operación relativamente limitada en comparación con una campaña aérea convencional.

El episodio de 2019 también mostró por qué la defensa de una potencia petrolera es particularmente complicada. Arabia Saudita no necesita proteger solamente unas cuantas refinerías. Debe proteger una red que incluye campos petroleros, plantas de procesamiento, oleoductos, estaciones de bombeo, depósitos, terminales, instalaciones eléctricas y puertos.

Un ataque contra un punto particularmente importante puede producir efectos que excedan ampliamente el daño físico causado directamente por el misil o el dron. La vulnerabilidad, por tanto, es sistémica y no necesariamente depende de la destrucción completa de una instalación.

Esa característica vuelve especialmente relevante a Aramco. La empresa posee infraestructura distribuida por una extensa geografía y concentra una parte fundamental de la capacidad energética saudita. La defensa de esa red exige vigilancia permanente y capacidad de respuesta ante amenazas que pueden llegar desde diferentes direcciones.

Yanbu tiene además una importancia estratégica particular. El puerto del mar Rojo es un importante punto de exportación y procesamiento energético y constituye una alternativa para transportar petróleo sin depender exclusivamente de las rutas que atraviesan el golfo Pérsico.

Los hutíes han afirmado en varias ocasiones recientes haber atacado instalaciones de Aramco en Yanbu. El 19 de septiembre volvieron a asegurar que habían golpeado una instalación de la empresa utilizando misiles y drones. Arabia Saudita, por su parte, dijo que sus defensas habían frustrado ataques contra Yanbu. La magnitud de los daños alegados por los hutíes no ha sido verificada independientemente.

La importancia de Yanbu aumenta en el contexto actual porque las rutas energéticas del Golfo están sometidas a una presión extraordinaria. Una amenaza contra una alternativa de exportación saudita puede tener un valor estratégico mayor que el daño físico producido en una instalación determinada.

Los ataques también muestran que los hutíes están intentando ampliar geográficamente el espacio de amenaza. En septiembre se han registrado ataques o intentos de ataque contra ciudades del sur y oeste saudita, mientras Riad entró en el escenario de manera directa el 19 de septiembre.

La distancia deja de ser entonces una barrera absoluta. La cuestión pasa a ser qué tipo de arma puede emplearse, desde qué punto de Yemen y con qué nivel de precisión.

También es importante distinguir entre las afirmaciones de los hutíes y los hechos verificados. El grupo ha reivindicado ataques contra instalaciones petroleras y otros objetivos sensibles, pero una reivindicación no demuestra por sí misma que el objetivo haya sido alcanzado ni permite establecer la magnitud del daño.

El caso de Riad ilustra esa diferencia. Los hutíes afirmaron haber atacado sitios sensibles de la capital, mientras Arabia Saudita confirmó el lanzamiento de un misil balístico y su interceptación. Imágenes verificadas por Reuters mostraron humo y fuego cerca del aeropuerto, pero no establecen por sí solas que un objetivo estratégico haya sido destruido por los hutíes.

Esto permite establecer una conclusión más precisa: los hutíes han demostrado capacidad para amenazar objetivos a gran distancia, pero todavía no han demostrado capacidad para neutralizar de manera sostenida la defensa aérea saudita ni para paralizar la infraestructura energética del reino.

Su fortaleza está en la repetición. Una campaña prolongada permite acumular experiencia, probar diferentes combinaciones de armas y observar qué amenazas son interceptadas con mayor frecuencia.

Esa experiencia operacional es uno de los activos más difíciles de neutralizar. Incluso si Arabia Saudita mejora sus sistemas defensivos, los hutíes pueden adaptar sus tácticas, variar las trayectorias, combinar diferentes armas y buscar nuevos puntos vulnerables.

Al mismo tiempo, los hutíes tienen una debilidad estructural: su arsenal avanzado sigue dependiendo en buena medida de Irán. El IISS considera que la producción local ha avanzado especialmente en drones y misiles de menor complejidad, pero que los sistemas balísticos de alcance medio y los misiles de crucero continúan dependiendo de tecnología o suministro iraní.

Por eso, la capacidad militar real del grupo no puede medirse solamente por el número de misiles que pueda tener almacenados. Debe evaluarse por su capacidad de producir, reponer, mantener, transportar y emplear esos sistemas mientras conserva el acceso a componentes y conocimientos externos.

El resultado es una asimetría peculiar: Arabia Saudita conserva una superioridad militar convencional abrumadora, pero los hutíes tienen capacidad suficiente para imponerle costos significativos mediante armas relativamente económicas, tecnología iraní y experiencia de combate. El riesgo para Aramco no es que los hutíes puedan destruir la empresa, sino que puedan afectar repetidamente puntos críticos de una red energética cuya protección completa resulta extraordinariamente costosa. La pregunta estratégica que deja la actual escalada es cuánto puede sostener Riad esa defensa antes de que el problema deje de ser interceptar misiles y pase a ser administrar una guerra de desgaste.

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