El reciente avistamiento de una manada de zorros cangrejeros en la localidad de Usaquén volvió a poner sobre la mesa la relación entre Bogotá y los ecosistemas que sobreviven en los Cerros Orientales. Videos compartidos por residentes muestran a varios ejemplares recorriendo calles y zonas verdes cercanas a sectores residenciales, un fenómeno que ha despertado tanto preocupación como admiración entre los habitantes del norte de la capital.
Los reportes más recientes hablan de una manada observada en barrios cercanos a los Cerros Orientales, donde vecinos aseguraron haber visto varios individuos desplazándose durante la noche y las primeras horas de la mañana. Las imágenes rápidamente se difundieron en redes sociales y llevaron a las autoridades ambientales a realizar visitas técnicas para evaluar la situación.
La Secretaría Distrital de Ambiente confirmó que el zorro cangrejero, también conocido como zorro perruno, es una especie silvestre nativa de Bogotá y de los Cerros Orientales. La entidad explicó que estos animales hacen parte de la biodiversidad propia de la ciudad y que su presencia en sectores urbanos no corresponde a una invasión ni a la llegada de una especie exótica.
Como respuesta a los reportes ciudadanos, la Secretaría anunció un monitoreo conjunto con la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR). Entre las medidas se encuentran recorridos de campo, la instalación de cámaras trampa y el seguimiento de los desplazamientos de los animales para determinar si utilizan corredores ecológicos tradicionales o si existen cambios recientes en sus patrones de movimiento.
Las autoridades también señalaron que una eventual reubicación de los ejemplares solo sería considerada si los estudios técnicos concluyen que existe un riesgo para los animales o para la comunidad. Mientras tanto, insistieron en que la prioridad es comprender el comportamiento de la manada antes de adoptar cualquier medida de manejo.
La ciudadanía ha reaccionado con opiniones divididas. Algunos residentes manifiestan preocupación por la seguridad de sus mascotas, especialmente perros y gatos pequeños, tras conocerse denuncias de presuntos ataques atribuidos a estos cánidos. Otros habitantes consideran que la presencia de los zorros demuestra que Bogotá aún conserva importantes espacios naturales y piden que se priorice la protección de la especie.
En redes sociales también se ha extendido una visión favorable hacia estos animales. Numerosos usuarios han celebrado la posibilidad de observar fauna silvestre dentro de la ciudad y han interpretado el fenómeno como un recordatorio de que los Cerros Orientales siguen siendo un refugio para múltiples especies que históricamente han habitado el territorio bogotano.
Los expertos advierten, sin embargo, que el aumento de los avistamientos no necesariamente significa que exista una sobrepoblación de zorros. Una explicación ampliamente aceptada es que el crecimiento urbano y la transformación del paisaje incrementan la probabilidad de encuentros entre la fauna silvestre y las personas, sin que ello implique un incremento extraordinario en el número de individuos.
La urbanización de los Cerros Orientales constituye uno de los factores que puede explicar esta interacción cada vez más frecuente. La construcción de viviendas, vías y otras infraestructuras fragmenta el hábitat natural, reduce la continuidad de los bosques y obliga a los animales a desplazarse por parques, calles y conjuntos residenciales para movilizarse entre diferentes áreas de vegetación.
A ello se suma la disponibilidad de alimento en zonas urbanas. Los residuos orgánicos, la basura y la presencia de pequeños mamíferos como roedores pueden atraer a estos animales hacia sectores residenciales, modificando parcialmente sus patrones de desplazamiento sin que abandonen completamente su hábitat natural.
El zorro cangrejero (Cerdocyon thous) es uno de los cánidos más ampliamente distribuidos de Sudamérica. Habita desde Panamá hasta el norte de Argentina y ocupa bosques, sabanas, humedales y zonas montañosas. En Colombia está presente en gran parte del territorio nacional y no se encuentra catalogado como una especie amenazada a nivel global.
Su nombre común proviene de su capacidad para consumir cangrejos cuando vive cerca de cuerpos de agua, aunque su dieta es en realidad muy variada. Se alimenta de pequeños mamíferos, aves, reptiles, insectos, frutos, semillas y carroña, lo que lo convierte en un oportunista capaz de adaptarse a distintos ambientes.
Es un animal de hábitos principalmente nocturnos y crepusculares. Durante el día suele permanecer oculto entre la vegetación y evita el contacto con las personas. Aunque físicamente recuerda a un perro de tamaño mediano, posee orejas puntiagudas, hocico alargado, pelaje grisáceo con tonos rojizos y una cola abundante que le ayuda a mantener el equilibrio durante sus desplazamientos.
Desde el punto de vista ecológico, cumple un papel importante como controlador de poblaciones de pequeños vertebrados e insectos y como dispersor de semillas, debido al consumo de frutos. Su presencia contribuye al equilibrio de los ecosistemas de los Cerros Orientales y de otros bosques andinos donde habita.
Las autoridades ambientales han pedido a la ciudadanía no alimentar a los zorros, no intentar capturarlos, mantener a las mascotas bajo supervisión y reportar cualquier avistamiento o animal herido a la Línea 123 o a la Secretaría de Ambiente. También recordaron que perseguir o agredir a la fauna silvestre constituye una conducta sancionable por la legislación ambiental.
Más allá de la sorpresa que generan estos encuentros, la presencia de una manada de zorros cangrejeros en Usaquén refleja uno de los principales desafíos ambientales de Bogotá: lograr que el crecimiento urbano sea compatible con la conservación de los Cerros Orientales y de las especies que los habitan. La convivencia entre la ciudad y la fauna silvestre dependerá, en buena medida, de mantener corredores ecológicos funcionales y de que los ciudadanos comprendan que estos animales forman parte del patrimonio natural de la capital.






