El partido entre el Union Saint-Gilloise de Bélgica y el Hapoel Be’er Sheva de Israel, correspondiente a la fase de liga de la Europa League, no podrá disputarse en Lovaina, después de que las autoridades municipales prohibieran el encuentro por razones de seguridad pública. La decisión afecta al partido programado para el 22 de octubre.
El encuentro estaba previsto en el estadio Den Dreef, recinto del Oud-Heverlee Leuven que el Union Saint-Gilloise había elegido para sus compromisos europeos. El estadio habitual del club, el Joseph Marien de Bruselas, no cumple los requisitos de infraestructura establecidos por la UEFA para albergar sus partidos continentales.
El alcalde de Lovaina, Mohamed Ridouani, comunicó que la ciudad no autorizaría el partido por considerar que no podía garantizar la seguridad pública. La decisión fue adoptada pese a que el Union sí podrá disputar en Den Dreef sus otros partidos como local en la fase de liga.
Ridouani argumentó que la presencia de un equipo israelí introduce un escenario particular de seguridad en el contexto de la guerra en Gaza y de las protestas que han acompañado en Europa algunos partidos de clubes israelíes. El alcalde afirmó además que su decisión mantiene una posición que ya había aplicado en anteriores encuentros entre equipos belgas e israelíes.
La administración municipal tampoco considera que un partido a puerta cerrada sea una solución suficiente. Ridouani sostuvo que, aun sin público dentro del estadio, podrían producirse concentraciones y protestas en los alrededores, por lo que el riesgo para el orden público no desaparecería.
La decisión tiene antecedentes. Lovaina ya había impedido que las selecciones nacionales de Bélgica jugaran allí contra Israel. En 2024, por razones de seguridad, un partido de la Liga de Naciones entre Bélgica e Israel terminó trasladándose a Debrecen, Hungría, y se disputó sin espectadores.
El contexto internacional ha incrementado las medidas de seguridad alrededor de los equipos israelíes que participan en competiciones europeas. La UEFA ha utilizado sedes neutrales para los partidos en los que clubes y selecciones israelíes ejercen como locales cuando las condiciones de seguridad lo requieren.
En este caso, sin embargo, Hapoel Be’er Sheva no era el equipo local. El Union Saint-Gilloise debía ejercer como anfitrión, por lo que la prohibición de Lovaina afecta directamente la capacidad del club belga para utilizar la sede que había escogido para sus partidos europeos.
La UEFA confirmó que había sido informada de la posición de las autoridades de Lovaina y señaló que corresponde al club anfitrión encontrar una sede alternativa. El organismo europeo no ha anunciado la suspensión del partido ni una sanción deportiva contra ninguno de los dos equipos.
El Union Saint-Gilloise confirmó que recibió la decisión municipal y que mantiene conversaciones con las autoridades y las demás partes involucradas para encontrar una solución. El club no ha anunciado todavía una nueva sede definitiva para el encuentro.
La situación también afecta a los aficionados. El Union comunicó que, si el partido se traslada a otro estadio, los seguidores que tengan entradas para el encuentro podrán utilizarlas en la nueva sede. El club también contempla mecanismos de compensación en caso de que finalmente se dispute a puerta cerrada.
La controversia tiene además una dimensión política. El Comité Coordinador de Organizaciones Judías de Bélgica calificó la prohibición como una expresión de antisemitismo y cuestionó que las razones de seguridad sean utilizadas para impedir que un club israelí participe en un partido europeo.
El gobierno municipal, por su parte, sostiene que la medida responde a la seguridad y que no constituye una prohibición general contra el Union Saint-Gilloise ni contra sus partidos europeos. De hecho, el club podrá mantener en Lovaina sus encuentros contra otros rivales de la competición, entre ellos Celtic, Real Sociedad y Lech Poznań.
La diferencia entre esos partidos y el encuentro contra Hapoel Be’er Sheva es precisamente uno de los elementos centrales de la controversia. La restricción municipal se produce específicamente ante la presencia de un equipo israelí, en un contexto de elevada tensión política y de seguridad alrededor del conflicto entre Israel y Palestina.
Desde el punto de vista deportivo, el partido continúa formando parte del calendario de la Europa League. Lo que está en cuestión es la sede en la que el Union podrá ejercer como local, no la participación de Hapoel Be’er Sheva en la competición ni la realización del encuentro en sí.
El caso plantea además un problema para la organización de las competiciones europeas: los clubes necesitan estadios que cumplan las normas de la UEFA, pero también requieren autorización de las autoridades locales para utilizarlos. Cuando ambas condiciones no coinciden, la responsabilidad de encontrar una alternativa recae sobre el equipo anfitrión.
La situación evidencia cómo el conflicto de Oriente Medio ha trascendido el ámbito estrictamente político y de seguridad para afectar también la organización de eventos deportivos europeos. La presencia de clubes israelíes en otros países ha generado en los últimos años protestas, restricciones y dispositivos especiales de seguridad.
En Lovaina, el argumento central de las autoridades es preventivo: evitar que un partido que consideran susceptible de generar movilizaciones termine provocando enfrentamientos o alteraciones del orden público. El alcalde sostiene que su administración no dispone de garantías suficientes para asumir ese riesgo, incluso con el estadio vacío.
Para el Union Saint-Gilloise, el siguiente paso es encontrar un estadio alternativo que cumpla las exigencias de la UEFA y pueda recibir el encuentro del 22 de octubre. Mientras no exista una nueva decisión, el partido permanece programado, pero Lovaina queda descartada como sede.
El episodio deja abierta una discusión que supera al fútbol: hasta dónde pueden llegar las autoridades locales para prevenir riesgos derivados de un conflicto internacional y cuándo una medida de seguridad termina teniendo consecuencias políticas o discriminatorias. En el caso de Lovaina, esas interpretaciones ya están enfrentadas, mientras la UEFA y el Union buscan una solución que permita disputar el partido.






