El fútbol italiano despidió a Franco Baresi, uno de los defensores más influyentes de la historia y una de las máximas leyendas del AC Milan. El exfutbolista murió el 31 de julio de 2026 a los 66 años, después de enfrentar una enfermedad pulmonar. Su fallecimiento generó homenajes de aficionados, antiguos compañeros, clubes y figuras del deporte, que recordaron su liderazgo, elegancia y fidelidad a los colores rossoneros.
Nacido el 8 de mayo de 1960 en Travagliato, en la provincia de Brescia, Baresi llegó siendo adolescente a las divisiones inferiores del Milan. Su carrera profesional estuvo ligada por completo al club lombardo, una fidelidad poco habitual en el fútbol moderno. Debutó con el primer equipo durante la temporada 1977-1978 y permaneció en la institución hasta su retiro, en 1997.
Baresi disputó 719 partidos oficiales con el Milan y anotó 33 goles. Durante sus dos décadas como profesional vivió algunas de las etapas más exitosas del equipo, pero también acompañó al club en momentos difíciles, incluidos sus descensos a la Serie B. Su decisión de permanecer en la institución reforzó su condición de símbolo y lo convirtió en una referencia de lealtad para varias generaciones de aficionados.
Como defensor central y líbero, Baresi revolucionó la manera de interpretar la posición. Aunque no tenía una gran estatura para los estándares del fútbol europeo, compensaba esa condición con inteligencia táctica, anticipación, velocidad y una capacidad excepcional para ordenar la defensa. Su estilo combinaba firmeza en la marca con precisión para iniciar las jugadas desde el fondo, cualidades que lo ubicaron entre los mejores defensores de todos los tiempos.
Su etapa más brillante coincidió con la consolidación del Milan dirigido por Arrigo Sacchi y, posteriormente, por Fabio Capello. Baresi fue el capitán de un equipo que dominó el fútbol italiano y europeo junto a figuras como Paolo Maldini, Alessandro Costacurta, Ruud Gullit, Marco van Basten y Frank Rijkaard. Bajo su liderazgo, el club construyó una de las defensas más reconocidas de la historia.
Con el Milan conquistó seis títulos de la Serie A y tres Copas de Europa, además de dos Copas Intercontinentales y cuatro Supercopas de Italia. Su palmarés reflejó la dimensión de un equipo que marcó una época entre finales de los años ochenta y comienzos de los noventa. Tras su retiro, el Milan decidió retirar el número 6, una distinción inédita en la historia del club y un reconocimiento a su condición de capitán eterno.
Baresi también tuvo una carrera destacada con la selección italiana. Disputó 81 partidos y participó en tres Copas del Mundo: España 1982, Italia 1990 y Estados Unidos 1994. En el Mundial de 1982 integró la plantilla que conquistó el título bajo la dirección de Enzo Bearzot, aunque su participación en el torneo fue limitada por la competencia en la defensa.
Su actuación más recordada con la selección ocurrió en el Mundial de 1994. Baresi era el capitán de Italia y sufrió una lesión de rodilla durante el torneo, pero regresó de manera anticipada para disputar la final contra Brasil. Jugó los 120 minutos del partido y, aunque falló uno de los cobros en la definición por penales, su esfuerzo fue considerado una muestra de liderazgo y compromiso. Italia terminó como subcampeona.
Después de retirarse como jugador, Baresi continuó vinculado al fútbol desde diferentes funciones. Trabajó en las divisiones juveniles del Milan y dirigió equipos de las categorías inferiores, entre ellos el conjunto sub-19 y el sub-17. También tuvo una breve experiencia como director deportivo del Fulham, en Inglaterra, antes de regresar a la institución rossonera para asumir labores institucionales y de representación.
En sus últimos años, Baresi fue vicepresidente honorario del AC Milan y continuó representando la identidad histórica del club. Su muerte cerró la vida de un futbolista que jugó toda su carrera profesional en una sola institución, ganó un Mundial y se convirtió en el rostro de una de las mejores defensas de la historia. El funeral, realizado el 4 de agosto en la Basílica de San Ambrosio de Milán, reunió a antiguos compañeros, dirigentes y miles de aficionados que lo despidieron con una frase convertida en homenaje: “Ciao, capitano”.






