La respuesta al terremoto de magnitud 7,4 que golpeó al país comienza a entrar en una nueva fase, marcada por el cierre de algunas operaciones de búsqueda y rescate y el inicio de procesos de evaluación, recuperación y eventual remoción de escombros.
El cambio no significa, al menos en los protocolos establecidos, que la maquinaria pueda ingresar de manera inmediata a las estructuras afectadas. Durante el Puesto de Mando Unificado se pidió a alcaldes y gobernadores no avanzar hacia la remoción hasta tener absoluta certeza de que no existen posibilidades de encontrar sobrevivientes.
La instrucción adquiere especial importancia debido a las denuncias y cuestionamientos surgidos en algunos territorios sobre el ingreso de maquinaria pesada mientras todavía se desarrollaban labores de búsqueda. Para las autoridades, el cambio de fase debe estar sustentado en criterios técnicos y en una evaluación previa de cada estructura.
En los lugares donde finalmente se autorice la remoción será necesario conformar un comité de demoliciones y establecer un perímetro de seguridad de una cuadra alrededor de las edificaciones intervenidas.
El acceso a esas zonas deberá estar restringido a personal especializado y contará además con la participación de funcionarios de la Fiscalía y Medicina Legal, debido a que las labores pueden involucrar la recuperación e identificación de víctimas.
La transición también contempla una dimensión que va más allá de la operación en terreno. Las autoridades recomendaron conformar grupos de apoyo psicosocial para acompañar a las familias de las personas fallecidas durante el proceso de recuperación.
Uno de los cambios más relevantes se produjo en Pereira, donde las autoridades reportaron el cierre de la fase de búsqueda y rescate de sobrevivientes y de recuperación de fallecidos. En el momento del reporte, Cali era el único territorio que mantenía activa la fase de respuesta.
La situación plantea una tensión especialmente sensible para los familiares de personas desaparecidas, quienes en algunos casos han reclamado que se mantengan las labores de búsqueda mientras exista alguna posibilidad de encontrar a sus seres queridos. El paso a la remoción puede ser percibido por estas familias como el cierre definitivo de esa esperanza.
Mientras se define cuándo y dónde puede comenzar la remoción, la respuesta incorpora nuevas herramientas tecnológicas. La Mesa Geomática activó el Charter Internacional y el sistema Disaster Response Coordination System de la NASA para obtener información sobre las zonas afectadas.
A través de estos mecanismos fueron recopiladas más de 300 imágenes satelitales, que permitirán identificar y caracterizar áreas afectadas por el terremoto y aportar información para la toma de decisiones sobre la intervención de los territorios.
A ese material se sumaron imágenes de alta resolución de Quibdó, Cali, Manizales, Pereira y Cartago, entregadas por Airways y Datum Ingeniería. La información busca complementar las evaluaciones realizadas directamente en terreno.
Otro de los frentes abiertos es la inspección de las edificaciones. La UNGRD, junto con otras entidades, trabaja en la implementación de un aplicativo destinado a consolidar los reportes y facilitar la evaluación de las estructuras afectadas.
El procedimiento contempla inicialmente una inspección rápida, basada en una evaluación visual externa y un diagnóstico preliminar. Con esa información, las edificaciones podrán ser clasificadas como inspeccionadas y aptas para su uso, de uso restringido o inseguras y no habitables.
Después de esa primera revisión vendrá una evaluación detallada para establecer la magnitud de los daños y determinar qué intervención requiere cada inmueble. De esta manera, la emergencia comienza a pasar de la búsqueda inmediata de sobrevivientes a una etapa en la que será necesario decidir qué estructuras pueden recuperarse, cuáles deben restringirse y cuáles tendrán que ser demolidas.
El desafío para las autoridades será administrar esa transición sin precipitar el ingreso de maquinaria en lugares donde todavía pueda existir una posibilidad de rescate. La tecnología, las inspecciones técnicas y los protocolos de seguridad serán determinantes, pero también lo será la capacidad de comunicar cada decisión a familiares y rescatistas que todavía reclaman que la búsqueda no termine antes de agotar todas las posibilidades.






