Colombia, China y la “Donroe Doctrine”: la apuesta de Nate Morris para sacar al país de la Ruta de la Seda

La frase central de Morris fue contundente: “El presidente electo me ha hecho saber su compromiso de salirse del memorando de entendimiento”. El empresario agregó que los gobiernos deben decidir si hacen negocios con Estados Unidos o con China, planteando la relación con Beijing y Washington en términos de una competencia estratégica que deja cada vez menos espacio para la neutralidad - Foto: U.S. Senate Foreign Relations Committee

La frase central de Morris fue contundente: “El presidente electo me ha hecho saber su compromiso de salirse del memorando de entendimiento”. El empresario agregó que los gobiernos deben decidir si hacen negocios con Estados Unidos o con China, planteando la relación con Beijing y Washington en términos de una competencia estratégica que deja cada vez menos espacio para la neutralidad - Foto: U.S. Senate Foreign Relations Committee

La declaración de Nate Morris sobre la permanencia de Colombia en la Iniciativa de la Franja y la Ruta abrió uno de los primeros debates geopolíticos sobre el rumbo que tendría la política exterior del gobierno de Abelardo de la Espriella. Durante su audiencia de confirmación ante el Senado de Estados Unidos, el nominado de Donald Trump para ser embajador en Bogotá afirmó que el presidente electo colombiano le había comunicado su intención de retirar al país del acuerdo con China.

La frase central de Morris fue contundente: “El presidente electo me ha hecho saber su compromiso de salirse del memorando de entendimiento”. El empresario agregó que los gobiernos deben decidir si hacen negocios con Estados Unidos o con China, planteando la relación con Beijing y Washington en términos de una competencia estratégica que deja cada vez menos espacio para la neutralidad.

Morris no es un diplomático de carrera. Es un empresario de Kentucky que construyó buena parte de su trayectoria en el sector de gestión de residuos y que posteriormente ingresó a la política republicana. Fundó Rubicon Technologies, compañía dedicada a la gestión y reciclaje de residuos, y llegó a convertirse en una figura cercana al movimiento MAGA. En 2025 lanzó su candidatura al Senado por Kentucky, pero abandonó la contienda después de que Trump le pidiera apartarse para incorporarse a su administración.

Trump terminó nominándo a Morris como embajador de Estados Unidos en Colombia en junio de 2026. La designación deberá ser confirmada por el Senado, pero desde su nominación Morris aparece como uno de los hombres encargados de representar en Bogotá la agenda exterior de la administración Trump. Su perfil, por tanto, resulta relevante: más que un diplomático tradicional, llega desde el mundo empresarial y desde el ala política que reivindica la agenda America First.

La controversia se explica porque Colombia ingresó formalmente a la Franja y la Ruta durante el gobierno de Gustavo Petro. El memorando de entendimiento abrió un marco de cooperación con China en áreas como infraestructura, comercio, inversión y conectividad. Una eventual decisión de abandonarlo, apenas meses después de su firma, supondría un giro significativo respecto de la política de diversificación de relaciones que impulsó el gobierno anterior.

Sin embargo, salir de la Ruta de la Seda no equivale a romper relaciones diplomáticas o comerciales con China. Tampoco significa necesariamente cancelar todos los negocios existentes entre empresas colombianas y chinas. La cuestión central sería el estatus del memorando y de los proyectos y mecanismos de cooperación asociados a él, además de la señal política que enviaría Bogotá a Beijing.

El precedente regional más importante es Panamá. En febrero de 2025, el presidente José Raúl Mulino anunció que su Gobierno no renovaría el memorando de entendimiento que Panamá había suscrito con China en 2017 para incorporarse a la Franja y la Ruta. Mulino dijo además que estudiaría si era posible terminarlo antes de su vencimiento.

La decisión panameña se produjo inmediatamente después de la visita del entonces secretario de Estado estadounidense Marco Rubio y en medio de la presión de Trump por reducir la presencia china alrededor del Canal de Panamá. Rubio celebró públicamente el anuncio de Mulino y lo presentó como un avance para las relaciones entre Estados Unidos y Panamá.

El caso panameño muestra, sin embargo, que abandonar la iniciativa no significa automáticamente sustituir la relación económica con China por inversiones estadounidenses. Analistas panameños advirtieron que la salida cerraba una puerta de financiación y cooperación y que las promesas de nuevas inversiones estadounidenses debían traducirse en proyectos concretos. Es una advertencia relevante para Colombia: si Bogotá abandona un esquema de cooperación, tendrá que establecer qué alternativa económica obtiene a cambio.

En el caso colombiano, la decisión tendría además una dimensión comercial. China se ha consolidado como uno de los principales socios económicos de América Latina y su presencia regional ya no depende exclusivamente de la Franja y la Ruta. Por ello, retirarse del memorando no eliminaría la relación con Beijing, pero sí podría limitar espacios de cooperación institucional y enviar una señal de alineamiento estratégico con Washington.

Ese es precisamente el punto en el que la declaración de Morris adquiere mayor importancia. Su planteamiento de que un país debe decidir entre hacer negocios con Estados Unidos o con China reduce una relación internacional compleja a una lógica de bloques. Para Colombia, aceptar esa lógica significaría alejarse de una política exterior basada en la diversificación de socios y asumir una posición mucho más explícita en la competencia entre las dos mayores potencias económicas.

La discusión también puede leerse a la luz de la llamada “Donroe Doctrine”, término utilizado para describir la versión de Donald Trump de la tradicional doctrina Monroe. La estrategia de Washington busca reafirmar la primacía estadounidense en el hemisferio occidental y reducir la presencia estratégica de potencias externas, particularmente China. La propia estrategia de seguridad estadounidense plantea que Washington debe recuperar una posición preeminente en el hemisferio.

En ese contexto, Colombia aparece como una pieza especialmente importante. Es un aliado histórico de Washington, tiene una posición estratégica en el Caribe y Sudamérica y mantiene una relación estrecha con Estados Unidos en materia comercial, militar y de seguridad. La llegada de un embajador políticamente cercano a Trump y la posibilidad de que el próximo gobierno colombiano abandone la Ruta de la Seda encajarían, por tanto, en la estrategia estadounidense de contener la expansión económica y geopolítica de China en América Latina.

Pero ahí aparece la principal controversia política: una cosa es fortalecer la relación con Estados Unidos y otra aceptar que Colombia deba escoger entre Washington y Beijing. Una política exterior basada en el multilateralismo parte precisamente de la posibilidad de mantener relaciones simultáneas con diferentes potencias, negociar intereses económicos y evitar que Colombia quede atrapada en una disputa que no es propia.

Desde esa perspectiva, una eventual salida de la Ruta de la Seda podría ser interpretada como un retroceso del multilateralismo si no está acompañada de una estrategia más amplia de diversificación. Colombia podría fortalecer sus vínculos con Estados Unidos sin necesidad de romper mecanismos de cooperación con China. La decisión de retirarse únicamente para satisfacer una expectativa de Washington convertiría la política exterior en una respuesta a la competencia entre potencias y no necesariamente en una definición basada en los intereses nacionales.

El precedente de Panamá demuestra que este tipo de decisiones tienen un fuerte componente geopolítico. Mulino defendió la soberanía panameña y, al mismo tiempo, tomó distancia de una iniciativa china en un momento de fuerte presión estadounidense. En Colombia, el eventual gobierno de De la Espriella tendría que decidir si sigue un camino similar y, sobre todo, si considera que los beneficios de un mayor alineamiento con Trump compensan los costos económicos y diplomáticos de reducir el espacio de cooperación con Beijing.

Por ahora, lo que existe es la declaración de Morris sobre un compromiso que, según él, le comunicó De la Espriella. No equivale todavía a una decisión jurídica ejecutada por Colombia. Pero políticamente sí constituye una señal poderosa: antes incluso de que el nuevo gobierno tome posesión, Washington está planteando como prioridad que Bogotá se aleje de la estrategia china.

La decisión final tendrá implicaciones que van mucho más allá de un memorando. Será una prueba sobre el margen de autonomía de la política exterior colombiana, sobre la capacidad de Bogotá para relacionarse simultáneamente con las grandes potencias y sobre la manera en que De la Espriella entiende el multilateralismo. Si el retiro se concreta, Colombia podría convertirse en uno de los países latinoamericanos que más claramente se alineen con la estrategia hemisférica de Trump y con su “Donroe Doctrine” frente a China.

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