D’Mar Córdoba llega al Centro de Memoria entre cuestionamientos por su trayectoria y sus posiciones sobre el conflicto

Su recorrido también incluye el trabajo en unidades de trabajo legislativo de las entonces senadoras Paola Holguín y Thania Vega, del Centro Democrático. Esa experiencia lo vinculó directamente con sectores políticos que fueron críticos del Acuerdo de Paz firmado con las Farc. El propio Córdoba ha desarrollado además actividades relacionadas con la denominada “batalla cultural” contra la izquierda - Foto: CNMH

Su recorrido también incluye el trabajo en unidades de trabajo legislativo de las entonces senadoras Paola Holguín y Thania Vega, del Centro Democrático. Esa experiencia lo vinculó directamente con sectores políticos que fueron críticos del Acuerdo de Paz firmado con las Farc. El propio Córdoba ha desarrollado además actividades relacionadas con la denominada “batalla cultural” contra la izquierda - Foto: CNMH

El nombramiento de D’Mar Córdoba Salamanca como director del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) abrió una nueva controversia alrededor de una institución encargada de investigar, preservar y divulgar la memoria de las víctimas del conflicto armado colombiano. Su llegada, oficializada por el Gobierno de Abelardo de la Espriella, ha sido cuestionada por su trayectoria política y periodística, sus posiciones sobre el conflicto y sus vínculos con sectores de la derecha.

Córdoba es abogado de la Universidad Católica de Colombia y cuenta con formación de posgrado en Derecho Constitucional. También ha trabajado como periodista, locutor y docente universitario. Una parte importante de su trayectoria profesional transcurrió en La Hora de la Verdad, programa dirigido por el exministro Fernando Londoño Hoyos, donde permaneció durante más de dos décadas.

Su recorrido también incluye el trabajo en unidades de trabajo legislativo de las entonces senadoras Paola Holguín y Thania Vega, del Centro Democrático. Esa experiencia lo vinculó directamente con sectores políticos que fueron críticos del Acuerdo de Paz firmado con las Farc. El propio Córdoba ha desarrollado además actividades relacionadas con la denominada “batalla cultural” contra la izquierda.

Uno de los principales motivos de controversia son sus posiciones públicas sobre la existencia y la interpretación del conflicto armado. Según publicaciones recogidas por medios de comunicación, Córdoba ha cuestionado el concepto de conflicto armado y lo ha presentado como una construcción narrativa. En 2025, por ejemplo, escribió que la narrativa del conflicto había servido para presentar a las guerrillas como fuerzas beligerantes.

Su postura también se manifestó después de la publicación del informe final de la Comisión de la Verdad, en 2022. Córdoba impulsó entonces una iniciativa alternativa para recoger testimonios de integrantes de la Fuerza Pública y víctimas de crímenes atribuidos a las Farc. En ese contexto cuestionó el uso de recursos públicos para el trabajo de la Comisión y defendió una aproximación diferente a la memoria del conflicto.

Esas posiciones han llevado a medios como El Espectador, Cambio y El País a calificarlo como negacionista del conflicto armado o a describir sus posiciones como negacionistas. Córdoba, sin embargo, ha rechazado esa caracterización y sostiene que su cuestionamiento está dirigido a la forma en que se ha construido e interpretado la narrativa sobre el conflicto.

Otro elemento que genera preguntas es su prolongada permanencia en La Hora de la Verdad, un espacio dirigido por Fernando Londoño Hoyos y reconocido por su oposición al Acuerdo de Paz y por haber respaldado el No en el plebiscito de 2016. La relación profesional de Córdoba con ese programa no demuestra por sí misma cómo ejercerá el cargo, pero sí constituye un antecedente relevante para quienes reclaman independencia y pluralidad en la conducción del CNMH.

A esto se suma la reacción favorable que ha recibido su nombramiento desde sectores cercanos a esas posiciones. La Hora de la Verdad, por ejemplo, publicó un mensaje celebrando la llegada de Córdoba al Centro de Memoria y destacando su compromiso con escuchar a las víctimas y construir una determinada visión de la memoria. Este tipo de respaldo alimenta las dudas sobre la distancia que mantendrá la nueva dirección frente a los sectores políticos y militares que han respaldado su llegada.

La preocupación central está relacionada con el mandato del CNMH. La entidad fue creada por la Ley 1448 de 2011 para contribuir al deber de memoria del Estado frente a las violaciones ocurridas en el marco del conflicto armado y garantizar el derecho a la verdad de las víctimas y de la sociedad. Por eso, el desafío para Córdoba será demostrar que su gestión puede incorporar las voces de todos los sectores sin desconocer las responsabilidades de los diferentes actores que participaron en la violencia.

Las dudas, por tanto, no se reducen a su ideología personal. El verdadero riesgo está en que una institución dedicada a la memoria pueda ser percibida como instrumento de una determinada interpretación política del pasado. Las experiencias anteriores del CNMH muestran que este debate no es nuevo: durante la dirección de Darío Acevedo también hubo fuertes cuestionamientos por sus posiciones sobre el conflicto y la memoria.

El nombramiento de Córdoba abre así una etapa de especial escrutinio para el Centro Nacional de Memoria Histórica. Su trayectoria, sus posiciones públicas y sus relaciones profesionales explican las dudas que han surgido, pero será su gestión al frente de la entidad la que permitirá establecer si esas preocupaciones se convierten en decisiones concretas. Para las víctimas y los investigadores, el punto de fondo será si el CNMH mantiene una memoria plural, documentada y capaz de reconocer las responsabilidades de todos los actores del conflicto, incluido el Estado, las guerrillas y los grupos paramilitares.

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