PISA y la paradoja de la IA en Colombia: más estudiantes la usan, pero no necesariamente aprenden más

PISA 2025 evaluó a más de 760.000 estudiantes de 91 países y economías. La edición incorporó, además de ciencias, matemáticas y lectura, una evaluación del aprendizaje en el mundo digital y preguntas específicas sobre el uso de inteligencia artificial - Foto: Colegio Entre Naranjos

PISA 2025 evaluó a más de 760.000 estudiantes de 91 países y economías. La edición incorporó, además de ciencias, matemáticas y lectura, una evaluación del aprendizaje en el mundo digital y preguntas específicas sobre el uso de inteligencia artificial - Foto: Colegio Entre Naranjos

La inteligencia artificial ya entró a las aulas colombianas. No como una posibilidad futura, sino como una herramienta que una parte importante de los estudiantes de 15 años utiliza semanalmente para aprender, investigar, resumir textos o escribir trabajos.

El dato aparece en los resultados de PISA 2025, publicados este 8 de septiembre por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE, y plantea una paradoja: Colombia utiliza inteligencia artificial en la educación por encima del promedio internacional, pero eso no significa que sus estudiantes estén obteniendo mejores resultados por hacerlo.

PISA 2025 evaluó a más de 760.000 estudiantes de 91 países y economías. La edición incorporó, además de ciencias, matemáticas y lectura, una evaluación del aprendizaje en el mundo digital y preguntas específicas sobre el uso de inteligencia artificial.

En Colombia, el 56 % de los estudiantes afirmó utilizar chatbots de inteligencia artificial al menos una vez por semana para ayudarse a aprender. El promedio de la OCDE fue del 46 %.

La diferencia se repite en tareas concretas. El 45 % de los estudiantes colombianos dijo utilizar IA para realizar investigaciones preliminares sobre un tema nuevo, frente al 31 % del promedio de la OCDE.

También es mayor el uso para resumir textos. El 39 % de los estudiantes colombianos reportó utilizar chatbots con ese propósito, frente al 30 % en la OCDE.

Y el mismo porcentaje, 39 %, afirmó utilizar IA para elaborar borradores de trabajos escritos, nueve puntos porcentuales por encima del promedio de la OCDE, que fue del 29 %.

El dato que quizá resume mejor la penetración de esta tecnología es otro: apenas el 6 % de los estudiantes colombianos declaró que nunca o casi nunca utiliza IA para ninguno de los trabajos escolares examinados por PISA. En la OCDE esa proporción llega al 14 %. Pero la OCDE introduce inmediatamente una advertencia: utilizar IA no equivale necesariamente a aprender con IA.

Los resultados muestran que los estudiantes que no utilizan chatbots para sus trabajos escolares obtienen, en general, mejores resultados que quienes sí los utilizan. Sin embargo, la relación no demuestra que la IA sea la causa del menor desempeño. También puede ocurrir que los estudiantes con mayores dificultades recurran con más frecuencia a estas herramientas.

La relación cambia cuando se observa el propósito y la intensidad del uso. Entre quienes utilizan IA para ayudarse a aprender, los estudiantes que la emplean de manera moderada presentan resultados ligeramente superiores a quienes la utilizan muy poco o intensivamente.

PISA plantea así una distinción que puede convertirse en uno de los principales debates educativos de los próximos años: la IA puede funcionar como una herramienta que acompaña el aprendizaje o como un mecanismo que permite evitarlo. La diferencia está en quién hace el esfuerzo intelectual.

Si un estudiante utiliza un chatbot para recibir una explicación, contrastar una hipótesis, encontrar un error en su razonamiento o recibir retroalimentación, la herramienta puede funcionar como un apoyo.

Si, en cambio, utiliza la IA para producir directamente el resumen, resolver el problema, escribir el ensayo o responder las preguntas que debería resolver por sí mismo, puede obtener un producto terminado sin haber realizado necesariamente el proceso cognitivo que la actividad pretendía desarrollar.

Esa es precisamente una de las advertencias centrales de PISA 2025. La OCDE sostiene que la inteligencia artificial debe añadir esfuerzo al aprendizaje y no sustituirlo, porque la comprensión se construye cuando el estudiante realiza el trabajo intelectual.

La paradoja colombiana aparece entonces con mayor claridad: mientras el país presenta un uso de IA educativa superior al promedio de la OCDE, todavía existen dificultades importantes en competencias fundamentales como lectura, matemáticas y ciencias.

En PISA 2025, los resultados promedio de Colombia fueron similares a los de 2022 en las tres áreas. Sin embargo, matemáticas y lectura permanecieron por debajo de los resultados registrados en 2018, mientras que ciencias mostró una mayor estabilidad en el período.

Esto no permite concluir que la inteligencia artificial esté empeorando los resultados educativos. La mayoría de los estudiantes evaluados comenzó a utilizar herramientas como ChatGPT cuando estas ya estaban disponibles, pero el desempeño educativo está determinado por múltiples factores.

Sí permite, en cambio, formular una pregunta incómoda para el sistema educativo: ¿está Colombia enseñando a los estudiantes a utilizar la inteligencia artificial para pensar mejor o está permitiendo que la tecnología piense por ellos?

La pregunta es particularmente importante porque PISA 2025 encuentra que las habilidades que resultan esenciales para convivir con la IA también están bajo presión. Los resultados internacionales muestran una fuerte caída de la lectura y, particularmente, de capacidades como evaluar información, establecer conexiones entre distintas fuentes y pensar críticamente sobre lo que se lee.

En otras palabras, los estudiantes tienen acceso a una herramienta capaz de producir información en segundos mientras el sistema educativo enfrenta el desafío de fortalecer precisamente la capacidad de determinar si esa información es correcta, relevante o confiable.

La alfabetización en inteligencia artificial, por eso, no debería reducirse a enseñar cómo formular preguntas a un chatbot. También implica aprender a detectar errores, contrastar fuentes, identificar información falsa, cuestionar respuestas aparentemente convincentes y reconocer cuándo una herramienta está sustituyendo el propio razonamiento.

PISA encontró además que, entre los estudiantes que utilizan IA, el aprendizaje mejora cuando existe formación para evaluar la calidad de la información generada por estas herramientas. La cuestión deja de ser entonces si los colegios deben permitir o prohibir la IA y pasa a ser cómo enseñar a utilizarla con criterio.

Para Colombia, el desafío es todavía mayor: si la inteligencia artificial ya está siendo utilizada por una proporción de estudiantes superior a la del promedio de la OCDE, el sistema educativo difícilmente podrá responder al fenómeno simplemente intentando impedirlo. La prioridad debería ser conseguir que esos estudiantes sigan haciendo el trabajo intelectual que la tecnología puede facilitar, pero no debería reemplazar. Los resultados de PISA dejan una advertencia: en la era de la inteligencia artificial, aprender no consiste en obtener mejores respuestas, sino en conservar la capacidad de pensar para saber si esas respuestas son correctas.

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