El mismo día en que Abelardo de la Espriella asumió la Presidencia de Colombia, Iván Cepeda encabezó en Barranquilla un acto político de oposición que buscó marcar el comienzo de una nueva etapa para la izquierda colombiana. Mientras en Cali se prepara la ceremonia de posesión, Cepeda reunió a sus seguidores en la capital del Atlántico y lanzó un mensaje de resistencia frente al nuevo Gobierno.
La escogencia de Barranquilla tuvo una carga política deliberada. Se trata de la ciudad con la que De la Espriella mantiene una relación particularmente estrecha y que el nuevo mandatario ha planteado como una futura capital alterna del país. Cepeda quiso convertir esa decisión en un desafío político: “Acá ganamos las elecciones. No somos visitantes, somos anfitriones”, afirmó ante sus simpatizantes.
El acto se produjo además en paralelo con la decisión del Pacto Histórico de no asistir a la ceremonia oficial de posesión. Cepeda y los congresistas de esa colectividad se mantuvieron por fuera del acto institucional en Cali, mientras desarrollaban actividades de oposición. La decisión refleja la profundidad de la ruptura política que deja la elección presidencial.
Uno de los mensajes más fuertes del senador estuvo dirigido directamente contra el nuevo presidente. Cepeda mantiene que la llegada de De la Espriella al poder no puede considerarse legítima en términos políticos debido a su situación frente a la ciudadanía estadounidense. El argumento ha sido cuestionado porque conservar esa ciudadanía no constituye, por sí mismo, una ilegalidad para ejercer la Presidencia, pero Cepeda lo presenta como una incompatibilidad política con la defensa exclusiva de los intereses nacionales.
En esa línea, el excandidato presidencial sostuvo que existe una “incompatibilidad insalvable con el deber supremo de representar con lealtad exclusiva la soberanía y los intereses del pueblo de Colombia”. Esa es una de las frases centrales para entender la posición de Cepeda frente al nuevo mandatario y anticipa que la relación entre ambos sectores seguirá marcada por la confrontación.
El segundo gran eje fue Estados Unidos. Cepeda ha advertido que la nueva administración tendrá una relación mucho más estrecha con Washington que la que mantuvo Gustavo Petro. En su discurso, esa cercanía fue presentada no como una alianza estratégica convencional, sino como un riesgo para la autonomía política colombiana. De allí surge la caracterización de De la Espriella como alguien que podría convertirse en un “agente de Estados Unidos”.
La acusación conecta directamente con uno de los grandes debates que dejó la campaña presidencial: cuál será el lugar de Colombia en la relación con Washington. De la Espriella ha defendido un acercamiento mucho más fuerte a Estados Unidos, especialmente en seguridad y lucha contra las drogas, mientras Cepeda y el petrismo han hecho de la soberanía y el rechazo a una subordinación frente a Washington uno de sus principales argumentos políticos.
Pero Cepeda no limitó su discurso a la política internacional. Una parte importante de su intervención estuvo dedicada a la política regional y al poder de la familia Char en Barranquilla. El senador cuestionó que el nuevo Gobierno hable de descentralización y, simultáneamente, se apoye en estructuras políticas regionales que, según su interpretación, representan poderes tradicionales.
La crítica fue directa: Cepeda afirmó que, pese a que el Gobierno entrante “pregona la descentralización desde las regiones, en realidad busca fortalecer viejos poderes mafiosos, como el clan Char”. Sus seguidores respondieron con una consigna que se convirtió en uno de los momentos más visibles del acto: “¡No más Char!”.
La referencia al clan Char es especialmente significativa porque Barranquilla constituye uno de los principales bastiones electorales de esa estructura política. El nuevo Gobierno ha construido relaciones con sectores políticos del Caribe y la elección de la ciudad como escenario de algunas de sus primeras iniciativas de descentralización aumenta el peso de la disputa por el significado político de la región.
Cepeda buscó, al mismo tiempo, evitar que la derrota presidencial se interpretara como el final del proyecto político de la izquierda. Su mensaje estuvo orientado a recordar a sus seguidores que el sector conserva una importante representación parlamentaria y que ahora puede ejercer una oposición organizada desde el Congreso.
La palabra que terminó dominando el acto fue “resistencia”. Cepeda afirmó: “Lucharemos hasta el límite y más para preservar las conquistas que hemos alcanzado en estos años”. Sus seguidores respondieron con una repetición de la consigna: “¡Resistencia! ¡Resistencia! ¡Resistencia!”.
La frase permite identificar la estrategia que empieza a tomar forma después de la derrota electoral. La izquierda no pretende abandonar las reformas y políticas impulsadas durante el Gobierno Petro, sino defenderlas frente a un Ejecutivo que ha anunciado cambios profundos. La disputa, por tanto, será tanto institucional como política y social.
Hay también una diferencia de roles entre Cepeda y Gustavo Petro. El expresidente, ya fuera de la Casa de Nariño, conserva una enorme capacidad de movilización y ha anunciado una oposición activa desde fuera de las instituciones. Cepeda, en cambio, tendrá que convertir su liderazgo electoral en una estrategia parlamentaria. La combinación de ambos frentes puede convertirse en uno de los principales factores de presión sobre el nuevo Gobierno.
El acto de Barranquilla también tuvo una dimensión electoral hacia el futuro. La izquierda comienza a preparar desde ahora la defensa de sus bases y la disputa por el poder regional. La mirada está puesta, entre otros escenarios, en las elecciones territoriales de 2027, que serán la primera gran prueba para medir si la derrota presidencial produjo un retroceso estructural o simplemente un cambio de posición dentro del sistema político.
En ese sentido, Barranquilla fue más que una concentración de simpatizantes. Fue la primera fotografía pública de Cepeda como jefe de una oposición nacional. El excandidato que perdió la segunda vuelta frente a De la Espriella se presentó ahora como dirigente de un sector que pretende controlar al nuevo Gobierno, defender las reformas del periodo Petro y mantener movilizada a una parte importante del electorado.
El discurso también mostró cuáles serán algunos de los ejes de esa oposición: soberanía nacional, relación con Estados Unidos, defensa de las conquistas sociales del Gobierno Petro, rechazo a los poderes políticos tradicionales y movilización ciudadana. Son asuntos que probablemente aparecerán de manera recurrente durante los próximos meses en el Congreso y en las calles.
La confrontación, sin embargo, tendrá que desenvolverse dentro de las reglas de la democracia. Cepeda puede desconocer políticamente al nuevo Gobierno, criticar sus alianzas y ejercer oposición, pero el nuevo Ejecutivo cuenta con el mandato derivado de las elecciones y con las instituciones constitucionales que regulan la transmisión del poder. Precisamente por eso, el desafío será determinar hasta dónde llegará la “resistencia” anunciada y cómo se traducirá en acciones parlamentarias y movilización.
Por ahora, el mensaje de Barranquilla deja una conclusión clara: la izquierda no se retiró del escenario político con la salida de Petro de la Casa de Nariño. Cepeda escogió una ciudad simbólicamente vinculada con De la Espriella para anunciar que comienza una nueva etapa de oposición. Y lo hizo con tres palabras que probablemente definirán buena parte del nuevo ciclo político colombiano: Estados Unidos, Char y resistencia.






