Puerto Resistencia vuelve al centro de la disputa política nacional

El llamado a la movilización estuvo acompañado por consignas de respaldo a Cepeda y por mensajes de “desobediencia civil”, una expresión que el excandidato presidencial había utilizado al plantear la estrategia de oposición frente al nuevo Gobierno. Entre las pancartas exhibidas durante las protestas apareció incluso la frase “Iván Cepeda eres mi presidente” - Foto: X/@JulianProgre

El llamado a la movilización estuvo acompañado por consignas de respaldo a Cepeda y por mensajes de “desobediencia civil”, una expresión que el excandidato presidencial había utilizado al plantear la estrategia de oposición frente al nuevo Gobierno. Entre las pancartas exhibidas durante las protestas apareció incluso la frase “Iván Cepeda eres mi presidente” - Foto: X/@JulianProgre

Puerto Resistencia volvió a convertirse en uno de los principales escenarios de movilización política en Cali durante la jornada de posesión de Abelardo de la Espriella. El lugar, convertido desde 2021 en símbolo de las protestas sociales, concentró a sectores que rechazaron la llegada del nuevo Gobierno y reivindicaron las demandas surgidas durante el estallido social.

La movilización adquirió un significado especial porque ocurrió precisamente el día en que De la Espriella asumió la Presidencia y lo hizo en la misma ciudad donde se encuentra este punto emblemático. Mientras en la Arena USC se desarrollaba la ceremonia oficial, en Puerto Resistencia se expresaba una visión radicalmente diferente sobre el nuevo momento político del país.

Entre los asistentes y dirigentes que han tenido una presencia destacada alrededor de este lugar está Aída Quilcué, representante a la Cámara y excandidata a la Vicepresidencia como fórmula de Iván Cepeda. Su presencia no es circunstancial: Quilcué ha convertido la defensa del significado político y simbólico de Puerto Resistencia en uno de los elementos de su discurso público.

Quilcué ya había acompañado a Cepeda en actividades políticas en Cali y había defendido públicamente el denominado Monumento a la Resistencia. En una intervención anterior, sostuvo que la estructura representa “la memoria, la dignidad y la lucha” de quienes participaron en las movilizaciones de 2021.

Su posición adquirió mayor relevancia después de que De la Espriella anunciara durante la campaña su intención de retirar o demoler el monumento, al considerar que representa el desorden y la ilegalidad. El entonces candidato llegó a calificarlo como una “oda al terrorismo”, mientras sectores de izquierda y organizaciones sociales lo defienden como un lugar de memoria. Para Quilcué, la discusión no se reduce a una estructura de cemento. La dirigente ha planteado que detrás del monumento están las historias de jóvenes que murieron, resultaron heridos o fueron encarcelados durante las protestas. Desde esa perspectiva, eliminarlo significaría borrar una parte de la memoria de quienes participaron en aquellas movilizaciones.

En ese sentido, la presencia de la representante en Puerto Resistencia tiene una lectura política adicional. Quilcué llegó a las elecciones presidenciales como fórmula vicepresidencial de Cepeda y, tras la derrota electoral, se convirtió en una de las figuras llamadas a mantener la conexión del Pacto Histórico con los movimientos sociales y sectores populares.

El llamado a la movilización estuvo acompañado por consignas de respaldo a Cepeda y por mensajes de “desobediencia civil”, una expresión que el excandidato presidencial había utilizado al plantear la estrategia de oposición frente al nuevo Gobierno. Entre las pancartas exhibidas durante las protestas apareció incluso la frase “Iván Cepeda eres mi presidente”.

Puerto Resistencia, además, no es un escenario cualquiera dentro de la historia reciente de Cali. Durante el estallido social de 2021 se convirtió en uno de los principales puntos de concentración de manifestantes y de confrontación con las autoridades. Posteriormente, el lugar fue rebautizado simbólicamente y pasó a formar parte del imaginario político de los sectores que participaron en aquellas protestas.

Aída Quilcué ha reforzado precisamente esa dimensión. En una intervención anterior, sostuvo que “Puerto Resistencia no va a ser la excepción” y aseguró que allí continuaría la lucha iniciada desde diferentes regiones del país. También hizo un llamado a evitar que la confrontación política derivara en odio y reivindicó el derecho a la movilización dentro de un sistema democrático.

La movilización del 7 de agosto debe entenderse también en el contexto de la estrategia opositora anunciada por Cepeda. El nuevo jefe de la oposición busca combinar su presencia institucional en el Congreso con la movilización ciudadana, mientras Gustavo Petro, ya como expresidente, mantiene su capacidad de convocatoria política desde fuera del Gobierno.

El escenario de Puerto Resistencia contrastó así con la ceremonia de posesión. En un punto de Cali se encontraba el nuevo presidente recibiendo el poder y pronunciando su discurso inaugural; en el otro, sectores de la izquierda reivindicaban las luchas sociales que De la Espriella ha cuestionado y advertían que no aceptarían pasivamente algunas de las decisiones anunciadas por el nuevo Ejecutivo.

La jornada estuvo además rodeada por un fuerte dispositivo de seguridad. Miles de integrantes de la Fuerza Pública fueron desplegados en Cali para proteger la posesión y las delegaciones internacionales, en una ciudad que ya enfrentaba un ambiente de alta tensión política. A esto se sumó el hallazgo previo de un vehículo con una importante carga de explosivos, que incrementó las preocupaciones de seguridad alrededor de la ceremonia.

Sin embargo, resulta importante diferenciar la movilización política de los actos de violencia que puedan cometer grupos particulares. La existencia de protestas, consignas contra el Gobierno o la reivindicación de Puerto Resistencia como símbolo del estallido social no significa que todos los manifestantes hayan participado en hechos violentos. La protesta pacífica forma parte del ejercicio democrático y debe distinguirse de cualquier conducta delictiva.

La presencia de Quilcué añade un elemento especialmente significativo a esa discusión. Su trayectoria como dirigente indígena, congresista y fórmula vicepresidencial de Cepeda la ubica como un puente entre la oposición política y los movimientos sociales. Su defensa de Puerto Resistencia anticipa, además, una de las controversias que podrían marcar el comienzo del Gobierno De la Espriella: qué símbolos de la protesta de 2021 permanecerán y cuáles serán retirados por decisión del nuevo poder político.

Cinco años después del estallido social, Puerto Resistencia vuelve así a ocupar el centro de la escena nacional. La diferencia es que ahora el enfrentamiento simbólico ya no se produce entre un Gobierno y una protesta en las calles, sino entre un nuevo Gobierno que promete desmontar algunos de los símbolos de aquella movilización y una oposición que, con figuras como Aída Quilcué, sostiene que esos lugares representan memoria, dignidad y lucha.

La imagen de Quilcué en este escenario resume buena parte de la nueva confrontación política colombiana. La excandidata vicepresidencial que acompañó a Cepeda en la contienda electoral aparece ahora junto a los sectores que buscan preservar el legado de las movilizaciones de 2021, mientras De la Espriella comienza su mandato prometiendo precisamente revisar algunos de los símbolos asociados con ellas. Puerto Resistencia queda, de esta manera, convertido nuevamente en un territorio de disputa por la memoria, la representación política y el rumbo que tomará Colombia bajo el nuevo Gobierno.

Etiquetado: