El Oktoberfest de Múnich cerró su edición de 2026 con una controversia que trascendió las carpas, la cerveza y las tradicionales celebraciones de la fiesta alemana. Una investigación periodística reveló la dimensión de una práctica que durante años había permanecido parcialmente oculta: la grabación y difusión de imágenes de mujeres desde debajo de sus vestidos.
El epicentro del problema es el Teufelsrad, conocido como la Rueda del Diablo, una de las atracciones tradicionales del Oktoberfest. Se trata de una plataforma circular que gira cada vez más rápido hasta provocar que quienes están sobre ella pierdan el equilibrio y caigan.
El movimiento hace que los vestidos y las faldas puedan levantarse. Esa circunstancia ha sido aprovechada por personas situadas alrededor de la atracción para grabar imágenes de las mujeres desde ángulos que permiten ver su ropa interior. Una investigación de Süddeutsche Zeitung encontró al menos 32.000 videos de este tipo circulando en plataformas vinculadas a Meta.
El problema no termina en la existencia de las grabaciones. La investigación del Bayerischer Rundfunk, publicada por Tagesschau, encontró indicios de que algunas personas habían convertido ese material en un mecanismo para conseguir audiencia, hacer crecer cuentas y obtener dinero mediante plataformas digitales.
Los videos aparecían con títulos sexualizados y eran publicados en YouTube, Instagram, TikTok y otras plataformas. Algunos alcanzaron millones de reproducciones y, según la investigación, los contenidos más exitosos de determinadas cuentas llegaron a acumular conjuntamente cientos de millones de visualizaciones.
Uno de los casos documentados por BR muestra hasta qué punto podía llegar ese negocio. Una mujer habría obtenido alrededor de 9.000 euros por un solo video, mientras otros operadores buscaban deliberadamente imágenes del Teufelsrad porque podían generar grandes cantidades de visitas.
La investigación también encontró una comunidad de creadores de contenido vinculada a Ucrania que había identificado el potencial de este tipo de videos para aumentar rápidamente la audiencia de cuentas de YouTube. Algunos de sus integrantes viajaron a Múnich durante el Oktoberfest de 2024 y afirmaron que habían pasado buena parte del día grabando en la atracción.
El negocio llegó incluso a los mercados informales de contenido digital. BR encontró anuncios en los que se ofrecían grabaciones del Teufelsrad y una publicación en un grupo de Telegram que establecía precios diferentes dependiendo de si en las imágenes aparecían únicamente mujeres o también hombres.
Pero el fenómeno tiene una consecuencia que va mucho más allá de la monetización. Algunas de las mujeres que aparecen en las grabaciones no sabían que habían sido filmadas y posteriormente descubrieron que sus imágenes habían circulado ampliamente por internet.
BR documentó el caso de una mujer identificada con un nombre ficticio como Sandra. Un video en el que aparecía en el Teufelsrad llegó a superar los 74 millones de reproducciones. Personas de distintos lugares comenzaron a reconocerla por las imágenes, entre ellas familiares y conocidos.
La exposición tampoco se limita a mostrar la ropa interior. Las investigaciones encontraron comentarios sexualizados y, en algunos casos, imágenes que fueron manipuladas digitalmente para hacer parecer desnudas a mujeres que aparecían en el Oktoberfest. Entre las afectadas también estarían trabajadoras de la fiesta.
Alemania cuenta desde 2021 con una legislación específica contra el upskirting. El artículo 184k del Código Penal alemán contempla como delito determinadas grabaciones no autorizadas de las zonas íntimas de otra persona y establece penas que pueden llegar hasta los dos años de prisión o multas.
Sin embargo, la existencia de la norma no significa que cualquier video tomado en el Teufelsrad constituya automáticamente ese delito. Esa es una de las mayores dificultades que ha revelado el caso.
La Fiscalía de Múnich explicó que una grabación general de las personas que participan en la atracción no es necesariamente ilegal. Para que exista responsabilidad penal bajo el delito de upskirting, debe poder demostrarse que el autor captó deliberadamente y sin autorización determinadas partes íntimas o la ropa interior que las cubre.
Ahí aparece una zona gris particularmente difícil de perseguir. El movimiento de la atracción hace que los vestidos puedan levantarse de manera visible y que una cámara pueda registrar esas imágenes sin que, al menos jurídicamente, resulte sencillo demostrar cuál era la intención concreta de quien grababa.
La investigación del BR concluyó precisamente que el artículo penal de upskirting no protege de manera automática a las mujeres que aparecen en muchos de los videos del Teufelsrad. La posibilidad de obtener una condena depende de demostrar que existió una captación deliberada de las partes íntimas en las condiciones previstas por la legislación.
Las cifras de las autoridades muestran además la diferencia entre el fenómeno general del upskirting y lo ocurrido específicamente en esta atracción. La Fiscalía de Múnich informó que recibió 19 procedimientos relacionados con upskirting durante 2024 y 2025, pero ninguno estaba vinculado al Teufelsrad.
Eso no significa que no haya ocurrido el fenómeno. Significa que las dificultades para identificar al autor, demostrar la intención y establecer que la imagen cumple los requisitos del tipo penal pueden impedir que una grabación termine en una condena.
Mientras tanto, los responsables del Teufelsrad han intentado adoptar medidas de prevención. La atracción tiene avisos en alemán e inglés que advierten que grabar debajo de la ropa es un delito y que esas conductas serán denunciadas.
Una de las medidas más llamativas ha sido entregar shorts deportivos gratuitamente a las mujeres y niñas que participan en la atracción. Elisabeth Polaczy, de 80 años y responsable del Teufelsrad, entregó más de un centenar de estas prendas durante el Oktoberfest de 2026, con la intención de reducir la posibilidad de que las participantes quedaran expuestas.
La medida, sin embargo, deja planteada otra discusión: la protección frente a una grabación no consentida no debería depender únicamente de que las mujeres modifiquen la ropa que utilizan para participar en una atracción. El problema fundamental sigue siendo la decisión de terceros de grabarlas y convertir esas imágenes en contenido sexualizado.
La Policía de Baviera también mantiene desde 2025 una campaña de prevención contra el upskirting durante el Oktoberfest. La presencia de carteles y advertencias, sin embargo, no ha impedido que las imágenes continúen apareciendo en internet.
Incluso hubo casos concretos durante esta edición del festival. La Policía investigó a personas señaladas por grabar debajo de la ropa de mujeres, mientras los controles y las denuncias volvieron a poner sobre la mesa un problema que no se limita al Teufelsrad.
La dificultad se multiplica cuando las imágenes abandonan el lugar donde fueron grabadas. Una persona puede ser identificada años después por un video que nunca autorizó, mientras el contenido puede ser copiado, descargado, editado y vuelto a publicar en plataformas diferentes.
Eso es precisamente lo que convierte el caso del Oktoberfest en algo más que una sucesión de episodios de acoso sexual. La investigación revela una cadena que puede comenzar con un teléfono apuntando hacia una falda y terminar en audiencias millonarias, cuentas monetizadas, venta de videos y manipulación digital de las imágenes.
Las plataformas, por su parte, han retirado algunos de los contenidos y cuentas señalados por las investigaciones. Google, Meta y TikTok indicaron al BR que habían eliminado videos o cuentas después de ser consultados por los periodistas.
Pero las eliminaciones posteriores no resuelven completamente el problema. Para cuando una plataforma retira un video, este puede haber sido reproducido millones de veces, copiado por terceros o trasladado a otros espacios digitales.
El caso del Teufelsrad expone así una paradoja: Alemania tiene una legislación que reconoce el upskirting como delito, pero la aplicación de esa norma enfrenta dificultades cuando la grabación se produce en un espacio público, dentro de una atracción diseñada para provocar el movimiento de las prendas y después es convertida en contenido digital.
El Oktoberfest, que cada año reúne a millones de visitantes en Múnich, termina dejando una imagen muy distinta a la de las celebraciones tradicionales. Mientras las autoridades intentan garantizar la seguridad de quienes participan y los organizadores entregan shorts para reducir la exposición, existe una economía digital que ha encontrado en esas imágenes una fuente de tráfico y dinero.
El escándalo, por eso, no está solamente debajo de los vestidos. Está también en los teléfonos que graban, en los algoritmos que recomiendan, en las cuentas que monetizan y en la dificultad de retirar definitivamente unas imágenes que pueden reproducirse una y otra vez en internet.






