La llegada de Tania Gilinski Bacal a la embajada de Colombia en Israel abrió una discusión que trasciende el perfil profesional de la nueva diplomática. Su nombramiento ocurre mientras el Gobierno de Abelardo de la Espriella acelera el acercamiento con Israel y, al mismo tiempo, mientras el entorno empresarial de la familia Gilinski mantiene vínculos visibles con el nuevo poder político.
Gilinski fue posesionada el 2 de octubre por el canciller Omar Bula Escobar en el Palacio de San Carlos. La Cancillería presentó su llegada como parte de una nueva etapa de las relaciones entre Colombia e Israel, restablecidas en agosto después de la ruptura decidida durante el Gobierno de Gustavo Petro.
Su hoja de vida es uno de los argumentos centrales del Gobierno para explicar la designación. Tiene una maestría en Estudios de Política Internacional de Stanford, estudió Historia y Francés en Wellesley College y cuenta con experiencia en medios de comunicación, tecnología, marcas de consumo y negocios internacionales.
La Cancillería también destaca que trabajó en Apple y Procter & Gamble, asesoró compañías en estrategias de marca y entrada a mercados y fundó Iguana Productions Group, empresa que convirtió en una franquicia de entretenimiento infantil con presencia en 14 países. Habla español, inglés y francés y tiene conocimientos conversacionales de hebreo.
Pero existe otro elemento que ha concentrado la atención política: Tania Gilinski pertenece a la misma familia del conglomerado empresarial que controla, entre otros negocios, Publicaciones Semana. Su hermano es Jaime Gilinski y su padre, Isaac Gilinski Sragowicz, también fue embajador de Colombia en Israel.
La discusión se vuelve más sensible por el papel que tuvo Semana durante la campaña presidencial de 2026. Una investigación de La Silla Vacía encontró que las redes del medio reprodujeron al menos 133 videos de campaña de De la Espriella durante los 21 días entre la primera y la segunda vuelta. Los contenidos procedían principalmente del candidato, su fórmula vicepresidencial y aliados.
Según esa investigación, los videos fueron publicados íntegramente en Instagram, Facebook, X y TikTok, sin intervención periodística y sin una identificación como publicidad política pagada. De los 133 contenidos, 69 fueron publicados en Instagram, 32 en X, 26 en TikTok y seis en Facebook.
El dato adquirió una dimensión adicional porque Semana es propiedad de Gabriel Gilinski, hijo de Jaime Gilinski y hermano de Tania. El propio director de la revista, Yesid Lancheros, defendió entonces la independencia editorial del medio y aseguró que Semana toma sus propias decisiones y no recibe órdenes de campañas o políticos.
Los vínculos no se limitan al terreno mediático. La Silla Vacía reportó que GNB Sudameris, perteneciente al conglomerado Gilinski, otorgó un préstamo de 17.500 millones de pesos a la campaña de De la Espriella durante la segunda vuelta. El dato convierte la relación entre el grupo empresarial y el entonces candidato en un asunto que también tiene una dimensión financiera.
A esto se suma que Publicaciones Semana y otra empresa vinculada a Gabriel Gilinski aportaron 2.100 millones de pesos a la campaña de recolección de firmas de Vicky Dávila: 700 millones fueron reportados directamente por Publicaciones Semana y 1.400 millones por GGKB Investments.
Ese antecedente es relevante porque Dávila había sido directora de Semana y posteriormente regresó al medio después de su participación en la campaña presidencial. La financiación reportada por el propio sistema electoral convirtió a la empresa editora en un actor financieramente involucrado en una aspiración política, aunque eso no demuestra por sí mismo una instrucción sobre los contenidos periodísticos posteriores.
Con esos antecedentes, el nombramiento de Tania Gilinski plantea una pregunta diferente a la de sus capacidades profesionales: qué ocurre con la percepción de independencia de un medio cuyo propietario pertenece a la misma familia de una funcionaria que acaba de incorporarse al Gobierno. No existe, por el momento, evidencia pública de que el nombramiento haya producido una instrucción editorial en Semana.
Precisamente por eso, el asunto puede plantearse como un problema de posibles conflictos de interés o de percepción de independencia, más que como una conclusión sobre la línea editorial. La existencia de vínculos familiares, empresariales, financieros y políticos permite documentar una relación de poder, pero no prueba por sí sola que las decisiones periodísticas estén subordinadas al Gobierno.
El nombramiento, además, coincide con uno de los giros más marcados de la política exterior de De la Espriella. Colombia restableció relaciones diplomáticas con Israel en agosto y la Cancillería señala que la nueva etapa busca profundizar la cooperación en seguridad, inteligencia estratégica, lucha contra el crimen transnacional, ciberseguridad, agricultura, salud, ciencia, tecnología y comercio.
Dentro de ese giro hay una decisión todavía más controvertida: el traslado de la embajada colombiana de Tel Aviv a Jerusalén. El acuerdo fue anunciado durante la transición presidencial por el entonces canciller designado Omar Bula y el ministro israelí de Exteriores, Gideon Sa’ar, y posteriormente fue confirmado por De la Espriella.
La decisión no es solamente logística. Jerusalén tiene un estatus internacional particularmente sensible. La Resolución 478 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, aprobada en 1980, rechazó las medidas destinadas a modificar el carácter y estatus de la ciudad y llamó a los Estados que tenían misiones diplomáticas allí a retirarlas.
De hecho, Colombia ya había trasladado su misión diplomática de Jerusalén a Tel Aviv en 1980 precisamente después de esa resolución. Un documento oficial de Naciones Unidas registra que el Gobierno colombiano comunicó entonces la decisión de retirar su misión de la Ciudad Santa y trasladarla a Tel Aviv.
El anuncio de De la Espriella, por tanto, supone revertir una decisión colombiana adoptada hace 46 años y volver a ubicar la embajada en una ciudad cuyo estatus continúa siendo objeto de disputa internacional. La Organización para la Cooperación Islámica cuestionó la medida y la relacionó con las resoluciones de Naciones Unidas sobre Jerusalén.
El traslado también forma parte de un acercamiento más amplio. En agosto, el Gobierno colombiano reconoció la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, una posición que rompe con la postura mayoritaria de la comunidad internacional sobre ese territorio. La Cancillería justificó la decisión por razones de seguridad estratégica de Israel.
Así, la posesión de Tania Gilinski queda situada en la intersección de tres asuntos: la nueva política exterior de De la Espriella hacia Israel, la decisión de llevar la representación diplomática a Jerusalén y la relación entre el poder político, el poder económico de los Gilinski y uno de los principales medios de comunicación del país. La controversia no demuestra por sí sola una intervención editorial, pero sí deja planteada una pregunta de independencia que deberá observarse en la cobertura de Semana sobre el Gobierno y en la actuación de la nueva embajadora.






