Exesposa de Abelardo de la Espriella llega a la Supernotariado y revive debate sobre meritocracia en el Gobierno

La principal discusión, sin embargo, no se concentra únicamente en su experiencia profesional, sino en la forma en que llegó al cargo. Durante la campaña presidencial, De la Espriella presentó la meritocracia como uno de los criterios para la conformación de su Gobierno y habló de convocatorias abiertas como mecanismo para seleccionar funcionarios, una promesa que volvió a mencionar al asumir la Presidencia - Foto: Presidencia

La principal discusión, sin embargo, no se concentra únicamente en su experiencia profesional, sino en la forma en que llegó al cargo. Durante la campaña presidencial, De la Espriella presentó la meritocracia como uno de los criterios para la conformación de su Gobierno y habló de convocatorias abiertas como mecanismo para seleccionar funcionarios, una promesa que volvió a mencionar al asumir la Presidencia - Foto: Presidencia

El nombramiento de Yoly Beatriz Illidge Pimienta como superintendente delegada de la Superintendencia de Notariado y Registro abrió una nueva controversia sobre los criterios utilizados por el Gobierno de Abelardo de la Espriella para conformar su equipo. La designación de la abogada, exesposa del presidente y antigua vinculada a su firma de abogados, ha sido cuestionada por sectores que contrastan su llegada al Estado con la promesa de meritocracia y convocatorias abiertas defendida por el hoy mandatario durante la campaña y en su discurso de posesión.

Illidge estuvo casada con De la Espriella entre 2001 y 2004. Años después de la separación mantuvo una relación profesional con el hoy presidente y estuvo vinculada a la firma De la Espriella Lawyers. Su cercanía personal y laboral con el mandatario es el principal elemento que ha alimentado las críticas alrededor de su llegada a una de las entidades encargadas de vigilar y controlar la prestación del servicio notarial en Colombia.

La abogada fue designada como superintendente delegada de la Superintendencia de Notariado y Registro, luego de que su hoja de vida y su declaración de bienes y conflictos de interés fueran publicadas en las plataformas oficiales como parte del procedimiento previo al nombramiento. La designación se produjo en medio de cambios en la dirección de la entidad y fue confirmada públicamente este 21 de agosto.

El cargo que asumirá Illidge tiene relevancia por las funciones de supervisión dentro de una entidad que ejerce control sobre el servicio notarial y registral. De acuerdo con la información publicada sobre su llegada, la nueva delegada tendrá responsabilidades en un sector particularmente sensible por su relación con la fe pública, los registros y la actividad de las notarías del país.

La principal discusión, sin embargo, no se concentra únicamente en su experiencia profesional, sino en la forma en que llegó al cargo. Durante la campaña presidencial, De la Espriella presentó la meritocracia como uno de los criterios para la conformación de su Gobierno y habló de convocatorias abiertas como mecanismo para seleccionar funcionarios, una promesa que volvió a mencionar al asumir la Presidencia.

Esa promesa es la que ahora es utilizada por los críticos para cuestionar el nombramiento. Para estos sectores, la llegada de una persona que fue esposa y socia profesional del presidente plantea interrogantes sobre si el criterio determinante fue un proceso abierto de selección o si la cercanía con el mandatario terminó desempeñando un papel relevante en la designación.

La controversia se produce además en medio de un debate más amplio sobre la conformación del nuevo Gobierno. Analistas y sectores de oposición han señalado que varios de los nombramientos realizados en los primeros días de la administración responden a diferentes lógicas: perfiles técnicos, afinidad ideológica, alianzas políticas y relaciones construidas durante la campaña presidencial.

El caso de Illidge ha sido especialmente llamativo porque combina dos tipos de cercanía: una relación personal pasada con el presidente y un vínculo profesional posterior. La información conocida señala que ambos estuvieron casados durante los primeros años de la década de 2000 y que, después de su separación, Illidge continuó desarrollando una trayectoria que incluyó vínculos con la firma fundada por De la Espriella.

Desde el punto de vista jurídico, haber sido exesposa del presidente no constituye automáticamente una inhabilidad para ejercer un cargo público. La discusión política, por tanto, no se centra necesariamente en la legalidad del nombramiento, sino en la coherencia entre el mecanismo utilizado para seleccionar a la funcionaria y el discurso de meritocracia defendido por el Gobierno.

La llegada de Illidge también vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que acompañará los primeros nombramientos de la administración De la Espriella: si el Gobierno prometió privilegiar el mérito y las convocatorias abiertas, ¿qué papel tendrán la confianza personal, las relaciones profesionales y los vínculos políticos en la distribución de los principales cargos públicos? Por ahora, el nombramiento de la nueva superintendente delegada se suma a una discusión que apenas comienza y que pondrá a prueba la distancia entre las promesas de campaña y la manera en que el nuevo Gobierno está conformando el Estado.

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