La disputa por la Presidencia del Senado expone las primeras fracturas entre Abelardo de la Espriella y Álvaro Uribe

Más allá de la elección de la mesa directiva, el trasfondo de la disputa refleja una competencia por el liderazgo de la derecha colombiana. Mientras Uribe busca preservar el protagonismo del Centro Democrático como principal referente del sector, De la Espriella intenta consolidar una coalición propia que no dependa exclusivamente del uribismo y que incluya otras fuerzas políticas - Foto: Presidencia

Más allá de la elección de la mesa directiva, el trasfondo de la disputa refleja una competencia por el liderazgo de la derecha colombiana. Mientras Uribe busca preservar el protagonismo del Centro Democrático como principal referente del sector, De la Espriella intenta consolidar una coalición propia que no dependa exclusivamente del uribismo y que incluya otras fuerzas políticas - Foto: Presidencia

La elección de la Presidencia del Senado para el primer año del nuevo Congreso se convirtió en el primer gran escenario de confrontación entre el presidente electo, Abelardo de la Espriella, y el expresidente Álvaro Uribe. Aunque ambos comparten buena parte de su agenda política y fueron aliados durante la campaña presidencial, las diferencias sobre quién debe conducir la coalición oficialista comenzaron a hacerse evidentes antes del inicio del nuevo gobierno.

El origen del desacuerdo radica en el respaldo del gobierno electo a la candidatura del senador Alfredo Deluque, del Partido de la U, para presidir el Senado. Desde el entorno de De la Espriella se ha defendido esa decisión como una estrategia para construir una mayoría parlamentaria amplia que incorpore a partidos tradicionales y garantice gobernabilidad durante los primeros meses del mandato.

El Centro Democrático, sin embargo, sostiene que la principal fuerza política que apoyó la llegada de De la Espriella a la Presidencia debería encabezar también el Congreso. Por esa razón impulsó la candidatura del senador Honorio Henríquez y manifestó su inconformidad con la decisión de respaldar a un dirigente de otro partido para ocupar uno de los cargos más importantes del Legislativo.

La controversia fue escalando hasta convertirse en un intercambio público de declaraciones. Álvaro Uribe advirtió que el Centro Democrático no aceptará ser desplazado dentro de la coalición de gobierno y lanzó una frase que tuvo amplia repercusión política: “Si el tigre ruge contra nosotros, nos toca defendernos como las abejas”, en alusión al apodo con el que suele identificarse al presidente electo.

Más allá de la elección de la mesa directiva, el trasfondo de la disputa refleja una competencia por el liderazgo de la derecha colombiana. Mientras Uribe busca preservar el protagonismo del Centro Democrático como principal referente del sector, De la Espriella intenta consolidar una coalición propia que no dependa exclusivamente del uribismo y que incluya otras fuerzas políticas.

En ese escenario ha adquirido protagonismo Carlos Suárez, considerado uno de los principales estrategas políticos del presidente electo y uno de los encargados de las conversaciones con las diferentes bancadas del Congreso. Su nombre ha sido mencionado de manera reiterada por el uribismo como una de las figuras que más ha influido en la construcción de la estrategia parlamentaria del nuevo gobierno.

Uribe ha señalado directamente a Suárez de promover una reorganización del mapa político que reduciría la influencia del Centro Democrático dentro de la nueva administración. Según el expresidente, el asesor estaría impulsando acuerdos con otras colectividades para evitar que el uribismo concentre las principales posiciones de poder en el Congreso.

Las diferencias entre Uribe y Suárez no son nuevas. Incluso durante la campaña presidencial ya existían tensiones sobre el papel que desempeñaba el estratega dentro del movimiento de De la Espriella y sobre la manera en que se estaba estructurando el nuevo proyecto político alrededor de Defensores de la Patria. La disputa por la Presidencia del Senado terminó convirtiéndose en el primer escenario donde esas diferencias se hicieron completamente visibles.

Desde el gobierno electo, en cambio, se insiste en que la elección de Alfredo Deluque responde exclusivamente a criterios de gobernabilidad. Sus voceros sostienen que una coalición construida sobre varios partidos permitirá sacar adelante con mayor facilidad las reformas que impulsará la nueva administración, sin depender únicamente de una bancada específica.

Para varios analistas políticos, el pulso también anticipa un eventual reacomodo dentro de la derecha colombiana. La llegada de De la Espriella a la Casa de Nariño modifica el equilibrio que durante años mantuvo el Centro Democrático como principal fuerza de ese espectro ideológico, obligando a redefinir liderazgos y espacios de influencia tanto en el Gobierno como en el Congreso.

Aunque ninguna de las partes ha planteado una ruptura formal de la alianza, el episodio demuestra que la relación entre el nuevo presidente y el expresidente Uribe no estará exenta de tensiones. La elección de la Presidencia del Senado será una primera prueba sobre la capacidad del Gobierno para consolidar mayorías propias y sobre el margen de influencia que conservará el uribismo dentro del nuevo bloque oficialista.

El desenlace de esta disputa tendrá efectos que van más allá de la conformación de la mesa directiva del Congreso. También servirá para medir quién tiene hoy mayor capacidad de conducción política dentro de la derecha colombiana: el liderazgo histórico de Álvaro Uribe o el nuevo proyecto encabezado por Abelardo de la Espriella, en el que asesores como Carlos Suárez han asumido un papel determinante en la construcción de la estrategia parlamentaria.

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