Macklemore, Ed Sheeran y la disputa que llevó la guerra de Gaza a los escenarios de Estados Unidos

El episodio comenzó el 4 de septiembre, cuando Macklemore actuó como telonero de Sheeran en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. Durante su presentación, el rapero expresó su apoyo a los palestinos de Gaza y Cisjordania ocupada y pronunció públicamente el mensaje “Free Palestine” - Foto: Josh Lackey

El episodio comenzó el 4 de septiembre, cuando Macklemore actuó como telonero de Sheeran en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. Durante su presentación, el rapero expresó su apoyo a los palestinos de Gaza y Cisjordania ocupada y pronunció públicamente el mensaje “Free Palestine” - Foto: Josh Lackey

La controversia alrededor de Macklemore dejó de ser un episodio ocurrido durante un concierto para convertirse en una disputa que involucra a artistas, promotores, propietarios de estadios y grandes empresarios del deporte estadounidense. En el centro está la decisión de retirarlo de la gira estadounidense de Ed Sheeran después de sus declaraciones a favor de Palestina.

El episodio comenzó el 4 de septiembre, cuando Macklemore actuó como telonero de Sheeran en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. Durante su presentación, el rapero expresó su apoyo a los palestinos de Gaza y Cisjordania ocupada y pronunció públicamente el mensaje “Free Palestine”.

Macklemore no presentó esas palabras como una intervención aislada. Durante su presentación también interpretó “Hind’s Hall”, canción de protesta que había publicado en 2024 y que se convirtió en una de sus expresiones más visibles de apoyo a la causa palestina. La actuación estuvo acompañada por imágenes relacionadas con la guerra en Gaza.

Al día siguiente, durante una segunda presentación en el mismo estadio, volvió a referirse al conflicto. Dirigiéndose también a los espectadores judíos, sostuvo que criticar a Israel o cuestionar sus acciones no equivalía a atacar a las personas judías y dijo que su mensaje era de paz, amor, dignidad y respeto.

Las actuaciones provocaron reacciones de organizaciones judías y proisraelíes en Estados Unidos. El Israeli American Council promovió una petición para que Macklemore fuera retirado de la gira, mientras otros críticos cuestionaron que un concierto de Sheeran fuera utilizado como escenario para una posición política sobre el conflicto.

La controversia también recuperó un episodio de 2014, cuando Macklemore utilizó un disfraz que sus críticos consideraron basado en estereotipos antisemitas. El artista pidió disculpas entonces por aquella caracterización. En la disputa actual ha rechazado que sus posiciones sobre Israel sean antisemitas.

Entre quienes reaccionaron estuvo Pink. La cantante compartió inicialmente una publicación de StopAntisemitism que criticaba la presentación de Macklemore y posteriormente recibió fuertes cuestionamientos por su posición. Su intervención adquirió relevancia porque ella misma se identifica como judía y decidió explicar públicamente por qué había reaccionado.

Pink aclaró que su objeción no era a las palabras “Free Palestine” en sí mismas. En una declaración posterior sostuvo que no estaba pidiendo que Macklemore fuera silenciado, despedido ni que se les devolviera el dinero a los asistentes. Su preocupación, explicó, estaba relacionada con el temor que la presentación había generado entre personas judías, especialmente desde su propia experiencia como madre judía.

La cantante también rechazó que expresar ese temor significara respaldar la política del Gobierno israelí o justificar el sufrimiento de los palestinos. Su planteamiento fue que podía defender el futuro y la dignidad de los palestinos y, simultáneamente, reconocer el miedo que algunos judíos podían experimentar ante determinadas imágenes y discursos en un concierto.

Mientras la discusión pública crecía, la presión comenzó a trasladarse del escenario a los lugares donde estaba programada la gira. Según Messina Touring Group, promotora de la etapa estadounidense de Sheeran, propietarios de algunos de los recintos de las siguientes fechas comunicaron que no permitirían que se realizara el espectáculo si Macklemore continuaba en el cartel.

Uno de los nombres centrales en esa presión fue Robert Kraft, propietario de los New England Patriots y del Gillette Stadium, en Massachusetts. Kraft es además una figura pública vinculada durante años a la defensa de Israel y a iniciativas contra el antisemitismo.

Macklemore afirmó que Kraft había llamado a Sheeran para decirle que no era bienvenido en el Gillette Stadium y que posteriormente había movilizado a otros propietarios de estadios. Según la versión del rapero, esos empresarios habrían planteado que Sheeran perdería acceso a sus recintos si Macklemore continuaba como telonero.

La versión de Macklemore situó así el conflicto en un terreno distinto al de una simple discusión artística. El rapero presentó lo ocurrido como una consecuencia de la capacidad de unos pocos propietarios de grandes escenarios para determinar qué discursos pueden aparecer en eventos de enorme alcance comercial. Esa caracterización corresponde a su interpretación de los hechos.

Kraft, por su parte, defendió públicamente su posición. Dijo que consideraba que había una línea que debía ser marcada y cuestionó el contenido de las intervenciones de Macklemore. Sus argumentos incluyeron tanto las declaraciones sobre Palestina como antecedentes que, a su juicio, habían generado preocupaciones relacionadas con el antisemitismo.

El propietario de los Patriots no fue el único actor empresarial involucrado. Lo determinante para la gira fue que otros recintos también habrían comunicado al promotor su negativa a albergar los conciertos si Macklemore permanecía en el programa. Eso convirtió el asunto en un problema contractual y logístico para la producción de Sheeran.

El 14 de septiembre, Messina Touring Group confirmó que Macklemore quedaba fuera de las fechas restantes de la etapa estadounidense. La decisión afectaba ocho presentaciones que estaban previstas con el rapero como artista de apertura.

Macklemore reaccionó con un extenso mensaje en el que mantuvo su posición sobre Palestina. También explicó que había mantenido conversaciones difíciles con Sheeran, a quien describió como un amigo de 13 años, y sostuvo que la presión de los propietarios de estadios había colocado al cantante británico en una situación complicada.

Pero Sheeran rechazó una parte fundamental de la interpretación pública que comenzó a circular. El 15 de septiembre explicó que retirar a Macklemore no había sido decisión suya, sino del promotor de la gira, después de las advertencias recibidas de los recintos.

Sheeran dijo que había intentado mediar entre las distintas partes durante la última semana, incluidos propietarios de estadios y personas de posiciones diferentes frente al conflicto entre Israel y Palestina. Según su explicación, esas gestiones no consiguieron modificar una decisión que ya había quedado en manos del promotor y los recintos.

El cantante también marcó una diferencia entre su posición y la de Macklemore. Dijo respetar la decisión del rapero de utilizar su plataforma para defender aquello en lo que cree, pero explicó que él prefiere no utilizar su plataforma profesional para hacer política y mantener sus conciertos como espacios de encuentro entre personas de diferentes posiciones.

Sheeran añadió que su silencio público sobre el conflicto no significa que carezca de opiniones personales. Dijo estar consternado por el sufrimiento provocado por la guerra y describió la situación entre israelíes y palestinos como una tragedia humana, pero insistió en que su forma de actuar consiste en mantener abierta la posibilidad de diálogo.

La respuesta de los otros artistas de la gira llevó la crisis a una nueva dimensión. Finneas, Lukas Graham y Aaron Rowe anunciaron el 15 de septiembre que abandonarían las presentaciones restantes. Los tres expresaron su respaldo a Macklemore y cuestionaron, desde distintos argumentos, la decisión de retirarlo.

Finneas sostuvo que los artistas no deberían ser silenciados cuando hablan en defensa de personas oprimidas. Aaron Rowe vinculó su decisión con la historia de Irlanda y su propia interpretación de los conflictos relacionados con ocupación y colonialismo. Las posiciones fueron personales y no fueron presentadas como una decisión conjunta de la gira.

La banda irlandesa Beoga, que acompaña a Sheeran en sus presentaciones, también anunció su salida. Con ello, el problema dejó de afectar únicamente a los teloneros y alcanzó incluso a músicos que formaban parte de la estructura artística habitual del espectáculo.

El resultado fue que, para las próximas fechas, Sheeran quedó sin los cuatro actos de apoyo que estaban vinculados a la etapa de la gira y también sin Beoga. En términos prácticos, la controversia provocada por la salida de un telonero terminó desarmando buena parte del esquema artístico que acompañaba al cantante.

La dimensión empresarial del caso resulta especialmente relevante porque los propietarios de estadios no son simples espectadores del conflicto. Controlan los recintos donde se celebran los conciertos y, dependiendo de sus contratos y de la estructura de cada espectáculo, pueden tener capacidad para imponer condiciones sobre quién puede participar en ellos. En este caso, según el promotor, sus advertencias fueron determinantes.

Al mismo tiempo, no se trata de una decisión adoptada por una autoridad pública. La controversia se produjo dentro de relaciones privadas entre artistas, promotores y propietarios de instalaciones. Por eso, el debate sobre libertad de expresión tiene aquí una dimensión diferente a la de una prohibición estatal: la pregunta es hasta dónde llega el poder contractual y comercial de quienes controlan los grandes escenarios.

El episodio también expuso dos concepciones diferentes sobre el papel político de la música. Macklemore entiende su presencia en un estadio como una oportunidad para hablar de una causa que considera urgente; Sheeran sostiene que su plataforma debe servir fundamentalmente para reunir a públicos diversos y mantener un espacio alejado de las disputas políticas. Ninguna de las dos posiciones elimina el conflicto sobre quién establece los límites cuando ambas coinciden en un mismo espectáculo.

Pink introdujo además otra dimensión: la posibilidad de que una parte del público perciba determinados mensajes o imágenes como una amenaza, incluso cuando quien los emite afirma estar denunciando políticas de un Estado y no atacando a una comunidad religiosa o étnica. Su argumento fue que reconocer ese temor no debería obligar a respaldar la política israelí ni impedir la defensa de los derechos palestinos.

Macklemore, en cambio, ha rechazado que sus intervenciones deban interpretarse como ataques contra los judíos y sostiene que la crítica a las acciones de Israel no debe confundirse con antisemitismo. Su posición ha recibido respaldo de otros artistas y grupos propalestinos, mientras organizaciones proisraelíes han mantenido la crítica a su actuación.

La controversia deja así una pregunta que trasciende la gira de Ed Sheeran: ¿quién decide qué puede decir un artista cuando el escenario pertenece a un circuito privado de promotores y estadios? En este caso no fue una autoridad gubernamental la que ordenó retirar a Macklemore. Fueron las presiones y decisiones de actores privados las que terminaron modificando el cartel, mientras otros artistas respondieron abandonando la gira.

Por ahora, Sheeran mantiene su gira, pero su etapa norteamericana continuará en medio de una fractura que comenzó con dos palabras pronunciadas en un estadio —“Free Palestine”— y terminó involucrando a empresarios deportivos, organizaciones políticas, artistas y al propio público. El episodio convirtió un concierto en otro escenario de la disputa sobre Palestina, antisemitismo, libertad de expresión y poder privado en la industria cultural.

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