Rusia y Ucrania acuerdan una tregua humanitaria en Oleshky que permitió evacuar a civiles

La situación de los habitantes había llegado a un punto crítico. Las dificultades para recibir suministros y desplazarse por la localidad aumentaron la vulnerabilidad de quienes permanecían allí, mientras que los daños ocasionados por los enfrentamientos y la destrucción de la presa de Kajovka, en 2023, agravaron las condiciones de vida en la región. La Casa Blanca señaló que alrededor de 50 niños también permanecían en la ciudad - Foto: Gobierno de Ucrania

La situación de los habitantes había llegado a un punto crítico. Las dificultades para recibir suministros y desplazarse por la localidad aumentaron la vulnerabilidad de quienes permanecían allí, mientras que los daños ocasionados por los enfrentamientos y la destrucción de la presa de Kajovka, en 2023, agravaron las condiciones de vida en la región. La Casa Blanca señaló que alrededor de 50 niños también permanecían en la ciudad - Foto: Gobierno de Ucrania

Rusia y Ucrania acordaron una tregua humanitaria localizada en la ciudad de Oleshky, en la región de Jersón, al sur de Ucrania, con el propósito de permitir el ingreso de alimentos, medicamentos y agua potable, además de facilitar la evacuación de civiles atrapados en medio de la guerra. El acuerdo, que contó con la mediación de la primera dama de Estados Unidos, Melania Trump, representa una pausa excepcional en las hostilidades entre ambos países, aunque no implica un alto el fuego general ni un avance definitivo hacia la paz.

La iniciativa fue anunciada el 23 de octubre de 2026 por la Casa Blanca, que atribuyó a Melania Trump las gestiones para establecer un canal de comunicación entre los gobiernos de Vladímir Putin y Volodímir Zelenski. Según el anuncio, las dos partes aceptaron suspender temporalmente las operaciones militares en Oleshky para desarrollar una misión humanitaria y establecer un corredor seguro que permitiera el desplazamiento de los habitantes que quisieran abandonar la localidad.

El acuerdo comenzó a aplicarse el martes 27 de octubre y contempló una suspensión de los enfrentamientos durante seis días. La operación fue diseñada para atender una emergencia humanitaria que se agravó durante los últimos meses, debido a la escasez de alimentos, agua potable y medicamentos, así como a las restricciones de movilidad provocadas por los ataques, los drones y la presencia de minas terrestres en las vías de acceso.

Oleshky se encuentra en la margen oriental del río Dniéper, frente a la ciudad de Jersón, y permanece bajo ocupación rusa desde los primeros días de la invasión a gran escala iniciada en febrero de 2022. Antes de la guerra tenía aproximadamente 24.000 habitantes, pero para octubre de 2026 su población se había reducido a entre 1.700 y 2.000 personas, en su mayoría adultos mayores que no habían podido abandonar sus viviendas.

La situación de los habitantes había llegado a un punto crítico. Las dificultades para recibir suministros y desplazarse por la localidad aumentaron la vulnerabilidad de quienes permanecían allí, mientras que los daños ocasionados por los enfrentamientos y la destrucción de la presa de Kajovka, en 2023, agravaron las condiciones de vida en la región. La Casa Blanca señaló que alrededor de 50 niños también permanecían en la ciudad.

La mediación de Melania Trump fue uno de los elementos más particulares de esta iniciativa diplomática. La primera dama estadounidense explicó que utilizó el canal de comunicación establecido previamente con Rusia y Ucrania para gestionar la reunificación de niños separados de sus familias durante la guerra. A partir de ese mecanismo, representantes de ambos países comenzaron a coordinar las condiciones necesarias para llevar ayuda a Oleshky y organizar la salida de los civiles.

La participación del papa León XIV también fue mencionada por las autoridades involucradas. El pontífice había sostenido conversaciones con Putin y Zelenski para solicitarles que facilitaran la asistencia humanitaria a la población de la localidad. Sus gestiones contribuyeron al contexto diplomático que permitió avanzar en la negociación de la tregua.

La coordinación operativa quedó en manos de la comisionada rusa para los Derechos Humanos, Yana Lantrátova, y del defensor del pueblo ucraniano, Dmitró Lubinets. Ambos funcionarios trabajaron en la definición de los procedimientos para garantizar el traslado de los suministros, el despeje de las rutas y la evacuación de quienes decidieran abandonar la ciudad.

Antes del comienzo de la misión, los dos países informaron que habían terminado las labores de desminado de las rutas previstas para el ingreso de los convoyes. El jueves 29 de octubre, las autoridades anunciaron que los caminos estaban preparados y que la operación humanitaria podía comenzar. La coordinación entre representantes rusos y ucranianos fue necesaria para establecer los tiempos y las condiciones de seguridad del desplazamiento.

El viernes 30 de octubre se puso en marcha el operativo, con un convoy compuesto por 25 autobuses y nueve ambulancias. Los vehículos transportaron alimentos, medicamentos y otros suministros destinados a los habitantes de Oleshky. También permitieron trasladar a las personas que habían manifestado su intención de abandonar la localidad, en una operación que contó con personal médico y asistencia para los desplazamientos.

Las autoridades estimaron que el dispositivo tenía capacidad para evacuar a más de 750 personas. Los habitantes podían elegir si querían trasladarse a territorio controlado por Ucrania o dirigirse a zonas bajo control ruso. También tenían la posibilidad de permanecer en Oleshky, donde se había previsto reponer los suministros básicos para quienes no quisieran o no pudieran salir.

El traslado de los civiles que eligieron abandonar la ciudad presentó dificultades adicionales por la ubicación geográfica y las condiciones militares de la zona. Las personas que se dirigieron hacia territorio ucraniano tuvieron que atravesar Rusia y Bielorrusia antes de llegar a una región bajo control de Kiev. Por su parte, quienes eligieron permanecer en territorio ruso fueron trasladados hacia destinos bajo administración de Moscú.

Este sábado 31 de octubre, Associated Press informó que un grupo de evacuados procedentes de Oleshky había conseguido llegar a territorio controlado por Ucrania. Las autoridades evitaron divulgar el número exacto de personas trasladadas y los detalles del cruce fronterizo, con el argumento de proteger a los habitantes que permanecían en la ciudad y no comprometer futuras operaciones humanitarias.

La llegada de los primeros evacuados representó uno de los resultados concretos de la tregua. En la zona fronteriza se registraron encuentros entre familiares que llevaban meses o años separados por la ocupación y las restricciones de movilidad. Organizaciones de asistencia también participaron en la recepción de las personas que lograron completar el recorrido.

La operación fue considerada por el defensor del pueblo ucraniano como una de las misiones humanitarias más amplias y duraderas realizadas mediante una coordinación directa entre Rusia y Ucrania desde el comienzo de la invasión a gran escala. La participación conjunta de funcionarios de ambos países permitió establecer un mecanismo de cooperación en una zona donde los enfrentamientos habían dificultado durante meses el acceso de ayuda externa.

Sin embargo, la tregua estuvo limitada exclusivamente a Oleshky y sus alrededores. Mientras se desarrollaba el operativo humanitario, las fuerzas rusas y ucranianas continuaron realizando ataques en otros puntos del territorio. Rusia mantuvo sus operaciones contra infraestructura energética y ferroviaria de Ucrania, mientras que Kiev reportó acciones con drones contra objetivos en territorio ruso.

La continuidad de los enfrentamientos en otras regiones demuestra que el acuerdo no modificó las condiciones generales del conflicto. Tampoco estableció compromisos sobre la retirada de tropas, el reconocimiento de territorios ocupados o las garantías de seguridad que Ucrania reclama para evitar una nueva invasión. Se trató de un entendimiento puntual para atender una emergencia civil, sin modificar las posiciones militares y políticas de los dos gobiernos.

Pese a esas limitaciones, la tregua generó expectativas sobre la posibilidad de establecer nuevos acuerdos humanitarios. La cooperación entre Lantrátova y Lubinets, así como la participación de intermediarios internacionales, mostró que todavía existen canales de comunicación que pueden utilizarse para facilitar evacuaciones, intercambios de prisioneros y operaciones de asistencia en otras zonas afectadas por la guerra.

En el escenario diplomático, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, anunció su intención de viajar a Turquía para reunirse con su homólogo Recep Tayyip Erdogan y avanzar en los preparativos de nuevas conversaciones con participación estadounidense. El mandatario manifestó que esperaba que representantes de Rusia, Ucrania y Estados Unidos pudieran desarrollar reuniones técnicas durante la primera mitad de noviembre en Abu Dabi.

La posibilidad de reanudar las negociaciones cuenta con varios obstáculos. Moscú y Kiev mantienen posiciones enfrentadas sobre el futuro de los territorios ocupados, particularmente en la región del Donbás, y sobre las condiciones que deberían establecerse para garantizar la seguridad de Ucrania. Rusia también ha cuestionado la participación de representantes europeos en eventuales conversaciones, mientras que el Gobierno ucraniano considera importante que sus aliados del continente estén involucrados en cualquier acuerdo de largo alcance.

Desde el Kremlin se ha insistido en que la cooperación humanitaria en Oleshky debe entenderse como un caso aislado y no como una señal de que existe un acercamiento político general con Ucrania. Esa posición refleja las dificultades para trasladar los entendimientos puntuales a una negociación sobre el futuro de la guerra, que lleva más de cuatro años y medio desde el inicio de la invasión rusa a gran escala.

Otro de los aspectos que determinará el alcance de la iniciativa será el cumplimiento de los compromisos durante los últimos días de la pausa militar. La evacuación de civiles y la distribución de suministros requieren condiciones de seguridad que dependen de la cooperación de ambos ejércitos, especialmente en una región donde las vías de acceso están expuestas a ataques y contaminación por minas.

La tregua de Oleshky constituye, en ese sentido, un avance humanitario concreto, pero su alcance político y militar sigue siendo limitado. La posibilidad de que sirva como antecedente para otros acuerdos dependerá de los resultados de la operación, de la disposición de Moscú y Kiev para mantener abiertos los canales de comunicación y de los avances que puedan conseguirse en las próximas conversaciones diplomáticas.

Por ahora, el principal resultado del acuerdo es que permitió llevar asistencia a una población que permanecía en condiciones críticas y facilitar la salida de civiles de una localidad ocupada. Aunque la iniciativa no representa el comienzo del fin de la guerra, sí demuestra que es posible alcanzar entendimientos específicos entre los dos países incluso mientras continúan los enfrentamientos en el resto del territorio.

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