De la Espriella completa seis bombardeos en 82 días: el más reciente fue contra el Clan del Golfo en Chocó

El operativo se desarrolló en jurisdicción del municipio de Nóvita y tuvo como objetivo un campamento de la Subestructura Edwin Guzmán Martínez, perteneciente al Clan del Golfo. En la acción participaron tropas del Comando contra el Narcotráfico y Amenazas Transnacionales (CONAT), con apoyo de la Fuerza Aeroespacial Colombiana - Imagen de referencia: Archivo/Ejército Nacional

El operativo se desarrolló en jurisdicción del municipio de Nóvita y tuvo como objetivo un campamento de la Subestructura Edwin Guzmán Martínez, perteneciente al Clan del Golfo. En la acción participaron tropas del Comando contra el Narcotráfico y Amenazas Transnacionales (CONAT), con apoyo de la Fuerza Aeroespacial Colombiana - Imagen de referencia: Archivo/Ejército Nacional

El presidente Abelardo De la Espriella ordenó un nuevo bombardeo contra una estructura del Clan del Golfo en el departamento del Chocó. La operación militar, realizada durante la madrugada del miércoles 28 de octubre, dejó un saldo preliminar de seis integrantes de esa organización muertos y una persona capturada. Con este ataque, el mandatario completó seis bombardeos durante sus primeros 82 días en la Casa de Nariño.

El operativo se desarrolló en jurisdicción del municipio de Nóvita y tuvo como objetivo un campamento de la Subestructura Edwin Guzmán Martínez, perteneciente al Clan del Golfo. En la acción participaron tropas del Comando contra el Narcotráfico y Amenazas Transnacionales (CONAT), con apoyo de la Fuerza Aeroespacial Colombiana.

De acuerdo con el balance de la operación en Chocó entregado por el presidente, seis integrantes de la organización armada fueron abatidos y una persona quedó capturada. Sin embargo, el mandatario advirtió que la cifra de fallecidos podría aumentar debido a las condiciones del terreno, pues el campamento estaba ubicado en una zona de pendiente donde las autoridades continuaban buscando otros cuerpos.

Entre el material incautado durante la operación se reportaron diez fusiles, armas cortas, un lanzagranadas, explosivos y municiones. Según información de inteligencia militar, estos elementos serían utilizados para cometer atentados contra integrantes de la Fuerza Pública y la población civil de la región.

Uno de los fallecidos fue identificado como Yeison Arley García Atehortúa, conocido con el alias de Álex, señalado por las autoridades como cabecilla zonal de la Subestructura Edwin Guzmán Martínez. De acuerdo con los reportes de inteligencia, llevaba aproximadamente diez años en la organización y coordinaba actividades ilegales en varios municipios del sur del Chocó.

La estructura atacada tiene presencia en Chocó, Antioquia, Sucre, Atlántico y Bolívar. Sus principales fuentes de financiación estarían relacionadas con la minería ilegal y las extorsiones, además de las disputas territoriales con otras organizaciones armadas por el control de economías ilícitas y corredores estratégicos.

El presidente había anticipado la operación durante la madrugada del miércoles a través de su cuenta de X, donde la calificó como un bombardeo de importancia estratégica. Posteriormente confirmó los primeros resultados y señaló que las autoridades continuarían verificando el área para establecer el balance definitivo de la acción militar.

Este ataque en Chocó constituye el sexto bombardeo ordenado por De la Espriella desde su posesión, el pasado 7 de agosto. La frecuencia de estas operaciones ha llamado la atención porque representa una intensificación de la ofensiva aérea del Estado durante las primeras semanas de su administración, en comparación con el ritmo registrado al comienzo de los gobiernos anteriores.

El primer bombardeo del actual Gobierno ocurrió el 11 de agosto, contra un campamento del Frente de Guerra Nororiental del Ejército de Liberación Nacional (ELN), en una zona rural entre San Calixto y Tibú, en Norte de Santander. El balance oficial de esa operación reportó dos integrantes de la organización muertos.

La segunda operación se realizó el 27 de agosto en El Retorno, Guaviare, contra las disidencias de las Farc vinculadas con alias Calarcá. Denominada Operación Amón, dejó diez integrantes de esa estructura muertos, según el balance divulgado por las autoridades.

Tres días después, el 30 de agosto, las Fuerzas Militares ejecutaron un nuevo ataque aéreo en Miraflores, Guaviare. La Operación Azarías tuvo como objetivo un campamento de las disidencias de alias Iván Mordisco y dejó 24 integrantes de esa organización muertos, de acuerdo con los reportes oficiales.

El cuarto bombardeo tuvo lugar el 11 de octubre en Tibú, Norte de Santander, contra integrantes del Frente 33 de las disidencias de las Farc. Posteriormente, el 22 de octubre, se desarrolló una quinta operación en El Tambo, Cauca, contra una estructura del ELN. El Gobierno reportó nueve integrantes de esa organización muertos, entre ellos alias Marcos Pacífico.

Con el ataque en Nóvita, el mandatario completó seis bombardeos en menos de tres meses. La cifra adquiere relevancia al compararla con el inicio de las administraciones de Iván Duque y Gustavo Petro, pues ninguno de sus antecesores había concentrado tres operaciones de este tipo durante sus primeras tres semanas de Gobierno, según el recuento publicado por El País.

Durante la administración de Gustavo Petro, los bombardeos estuvieron suspendidos durante los dos primeros años, en el contexto de las negociaciones de paz con diferentes organizaciones armadas. Posteriormente, las operaciones aéreas fueron retomadas y el Clan del Golfo se convirtió en uno de los principales objetivos. Según el recuento de Cambio, esa organización recibió nueve bombardeos durante el Gobierno anterior.

El último ataque aéreo de la administración Petro se realizó el 12 de junio de 2026 en Nuquí, también en el departamento del Chocó. La operación dejó nueve integrantes del Clan del Golfo muertos, de acuerdo con la información divulgada por las autoridades. Ese antecedente muestra que el actual Gobierno ha recurrido a esta herramienta militar desde sus primeras semanas, mientras que su antecesor la utilizó de manera más limitada al comienzo de su mandato.

En el caso de Iván Duque, las cifras disponibles permiten dimensionar el alcance de los bombardeos durante sus cuatro años de administración. Según los registros citados por El País, 367 personas murieron en este tipo de operaciones, aunque ese dato corresponde al total de víctimas y no al número de ataques realizados. Por esa razón, no es posible establecer una comparación exacta de la frecuencia de bombardeos entre los primeros 82 días de Duque y los de De la Espriella con los datos publicados.

La diferencia más visible está en la velocidad con la que el actual mandatario ha recurrido a los ataques aéreos. En sus primeros 20 días había ordenado tres operaciones y, al completar 82 días, ya sumaba seis. Esta estrategia contrasta especialmente con el comienzo del Gobierno Petro, cuando la suspensión de los bombardeos hizo parte de la política de acercamientos con grupos armados.

De la Espriella también había anunciado su intención de realizar alrededor de doce bombardeos durante sus primeros cien días de Gobierno, principalmente contra estructuras del ELN y las disidencias de las Farc. Con seis operaciones ejecutadas hasta el 28 de octubre, el mandatario había alcanzado la mitad de esa meta cuando todavía faltaban varias semanas para completar el periodo anunciado.

La intensificación de los ataques aéreos forma parte de la estrategia de seguridad con la que el Gobierno busca debilitar las estructuras armadas, afectar sus mandos y reducir su capacidad de controlar territorios y economías ilegales. El Ejecutivo ha defendido estas operaciones como acciones de precisión dirigidas contra objetivos militares identificados mediante labores de inteligencia.

El bombardeo en Nóvita representa, además, la primera operación aérea de este Gobierno contra el Clan del Golfo en el departamento del Chocó. La acción se produce en una región donde esa organización mantiene disputas con el ELN y otras estructuras armadas por el control de actividades como la minería ilegal, las rutas de movilidad y las redes de financiación criminal.

Así, el sexto bombardeo de la administración De la Espriella no solo deja un nuevo golpe militar contra una estructura del Clan del Golfo, sino que también vuelve a poner en evidencia la velocidad con la que el Gobierno ha incorporado las operaciones aéreas a su estrategia de seguridad. La comparación con sus antecesores muestra un ritmo inicial distinto, aunque la ausencia de estadísticas homogéneas sobre el número de ataques en los primeros meses de cada mandato impide establecer un ranking histórico definitivo.

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