El Benkos Biohó llegó a la emergencia cuatro días después del terremoto y abrió una nueva disputa política

El Benkos Biohó cuenta con consultorios, laboratorio, rayos X, ecografía, farmacia y capacidad para prestar servicios de cirugía, además de transportar personal médico e insumos. Su autonomía operativa y su posibilidad de desplazarse por territorios de difícil acceso fueron presentadas como algunas de sus principales ventajas - Foto: Alcaldía de Buenaventura

El Benkos Biohó cuenta con consultorios, laboratorio, rayos X, ecografía, farmacia y capacidad para prestar servicios de cirugía, además de transportar personal médico e insumos. Su autonomía operativa y su posibilidad de desplazarse por territorios de difícil acceso fueron presentadas como algunas de sus principales ventajas - Foto: Alcaldía de Buenaventura

El terremoto del 10 de agosto dejó una pregunta que empezó a ganar fuerza a medida que avanzaba la emergencia: ¿por qué el Buque Hospital Benkos Biohó no fue utilizado desde los primeros días para reforzar la atención médica en el Pacífico? La embarcación, concebida precisamente para llevar servicios de salud a comunidades apartadas, solo comenzó a ser empleada para atender a afectados por el sismo varios días después.

La cronología resulta particularmente llamativa. El 10 de agosto ocurrió el terremoto y, al día siguiente, comenzaron a multiplicarse los reclamos para que el buque fuera incorporado a la respuesta humanitaria. Sin embargo, la embarcación no empezó a atender pacientes de la emergencia de inmediato y su operación en Buenaventura se concretó hasta el 14 de agosto, cuando se habilitó su quirófano y se programaron procedimientos médicos.

La demora adquirió una dimensión política porque el Benkos Biohó no es un barco hospital convencional. Es una de las obras más emblemáticas del gobierno de Gustavo Petro en materia de salud pública y fue diseñado para llevar medicina general, especialidades, diagnóstico, farmacia y procedimientos quirúrgicos a poblaciones del litoral Pacífico y de zonas ribereñas. El Gobierno nacional informó que su construcción y dotación demandaron más de $85.000 millones.

La propia Presidencia presentó la embarcación como un proyecto estratégico del gobierno anterior. En abril, Petro aseguró que representaba uno de los mayores esfuerzos de su administración para el Pacífico y destacó una inversión cercana a los $87.000 millones. También explicó que podía operar tanto en el mar como en ríos navegables, precisamente en departamentos como Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño.

La capacidad del buque hacía todavía más sensible la discusión. El Benkos Biohó cuenta con consultorios, laboratorio, rayos X, ecografía, farmacia y capacidad para prestar servicios de cirugía, además de transportar personal médico e insumos. Su autonomía operativa y su posibilidad de desplazarse por territorios de difícil acceso fueron presentadas como algunas de sus principales ventajas.

No se trataba, además, de una infraestructura que estuviera esperando su primera misión. El buque ya había realizado operaciones médicas durante 2026. En su primera misión reportó más de 2.600 pacientes atendidos en diez días, mientras que posteriormente emprendió una segunda misión en el río Yurumanguí, en Buenaventura, con atención médica, odontológica y procedimientos quirúrgicos.

Ese antecedente alimentó la discusión sobre la demora. Si la embarcación ya estaba diseñada, dotada y operativa para atender comunidades del Pacífico, y si además tenía como una de sus características la capacidad quirúrgica, la pregunta dejó de ser solamente logística y comenzó a convertirse en un asunto político: ¿qué impidió utilizarla inmediatamente después del terremoto?

Gustavo Petro fue uno de los primeros dirigentes en plantear públicamente esa inquietud. El expresidente reclamó la utilización del buque en medio de la emergencia y cuestionó que una infraestructura creada para atender precisamente a las poblaciones más vulnerables del Pacífico no apareciera desde el comienzo entre las herramientas de respuesta. Su intervención convirtió al Benkos Biohó en uno de los símbolos de la discusión sobre la gestión de la tragedia.

A esas voces se sumó la senadora María José Pizarro, quien también pidió que el buque fuera utilizado para atender a los damnificados. Su posición adquirió especial resonancia porque Pizarro pertenece al sector político que respaldó el proyecto durante el gobierno Petro y porque el Benkos Biohó terminó convirtiéndose en una de las obras que el petrismo exhibe como resultado de su apuesta por una salud pública con presencia territorial.

La coincidencia entre los reclamos de Petro y Pizarro y la posterior entrada en operación del buque contribuyó a instalar una suspicacia adicional: que la nueva administración no habría tenido especial interés en activar con rapidez una infraestructura asociada política y simbólicamente con el gobierno anterior. Esa lectura circuló en medio de una emergencia marcada por fuertes disputas sobre la coordinación de la ayuda y la respuesta nacional.

No obstante, esa interpretación política no permite por sí sola establecer que la demora haya obedecido a una decisión ideológica. La puesta en funcionamiento de una embarcación hospitalaria en una emergencia requiere coordinación sanitaria, disponibilidad de personal, insumos, combustible, rutas, seguridad marítima y condiciones de atraque. De hecho, la operación regular del Benkos Biohó involucra a varias entidades y autoridades territoriales, no únicamente al Gobierno nacional.

La llegada a Buenaventura el 14 de agosto muestra precisamente esa dimensión logística. Para incorporarlo a la emergencia fue necesario habilitar un punto de atraque y articular su operación con la red hospitalaria local. La habilitación del muelle y la apertura del quirófano marcaron el paso de la discusión política a la atención efectiva de pacientes.

Pero el problema político ya estaba instalado. La pregunta que quedó planteada no es si el Benkos Biohó podía prestar servicios médicos —sus primeras misiones habían demostrado que sí—, sino por qué una herramienta creada específicamente para superar las barreras geográficas del Pacífico no fue incorporada desde el comienzo a una emergencia que golpeó con especial fuerza a esa región.

La controversia también expuso una paradoja: una obra que durante el gobierno Petro fue presentada como símbolo de la llegada del Estado a territorios históricamente abandonados terminó siendo objeto de reclamos desde sectores cercanos al propio petrismo para que el nuevo Gobierno la utilizara. El barco, diseñado para trascender administraciones, quedó atrapado así en la polarización política que acompañó la respuesta al terremoto.

Finalmente, el 14 de agosto el Benkos Biohó comenzó a cumplir en la emergencia el propósito para el que fue concebido: acercar atención médica especializada a una población con dificultades de acceso a la red hospitalaria convencional. La apertura del quirófano y la programación de cirugías representaron una respuesta concreta, pero también dejaron abierta una discusión que difícilmente desaparecerá con la puesta en marcha del buque: si su capacidad ya estaba disponible, ¿por qué tuvieron que pasar cuatro días desde el terremoto para utilizarla?

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