En las elecciones de medio término que se celebran este martes 3 de noviembre en Estados Unidos, el voto latino vuelve a ocupar un lugar importante en las proyecciones sobre el futuro político del país. Dentro de esa población, una generación de jóvenes nacidos o criados en territorio estadounidense ha comenzado a llamar la atención: los llamados ‘No Sabo Kids’.
La expresión identifica, principalmente, a jóvenes de origen latino que crecieron hablando inglés y que tienen un dominio limitado del español o no lo hablan. Aunque el término surgió como una forma de burla, con el tiempo algunos integrantes de esta generación lo han resignificado para reivindicar su identidad cultural.
El nombre proviene de un error gramatical frecuente entre quienes están aprendiendo español. En lugar de decir ‘no sé’, algunas personas utilizan la expresión ‘no sabo’, una conjugación incorrecta del verbo saber.
Durante años, la frase se empleó para cuestionar la autenticidad de quienes, pese a tener raíces familiares latinoamericanas, no dominaban el idioma de sus padres o abuelos. Las redes sociales contribuyeron a popularizar el término, especialmente entre jóvenes que comenzaron a utilizarlo con humor y como una forma de reconocimiento colectivo.
Sin embargo, los ‘No Sabo Kids’ no constituyen una organización, un movimiento político ni una agrupación electoral formal. Se trata de una etiqueta cultural que reúne experiencias diversas y que no permite establecer, por sí sola, una preferencia partidista.
Su relevancia política está relacionada con el crecimiento de la población latina joven y con el número de ciudadanos de ese origen que pueden participar en las elecciones. No obstante, es importante diferenciar a los jóvenes latinos en general de quienes se identifican específicamente como ‘No Sabo Kids’.
De acuerdo con estimaciones del Pew Research Center, cerca de 39 millones de latinos están habilitados para votar en 2026. La cifra representa aproximadamente el 16 % del electorado elegible y supone un aumento de 5,2 millones frente a las elecciones de medio término de 2022.
Una parte importante de ese crecimiento responde a jóvenes latinos nacidos en Estados Unidos que han alcanzado la mayoría de edad y se incorporan al censo de posibles votantes. Este cambio demográfico amplía el peso de una población que tendrá cada vez más presencia en las decisiones electorales.
La edad es uno de los elementos que explica el interés por esta generación. Según los datos de Pew, alrededor del 30 % de los latinos habilitados para votar tiene entre 18 y 29 años, frente al 20 % registrado para el conjunto de la población elegible.
El Centro de Información e Investigación sobre Aprendizaje y Participación Cívica (CIRCLE), de la Universidad Tufts, calcula que en 2026 hay cerca de 49 millones de jóvenes de entre 18 y 29 años con derecho al voto en Estados Unidos. De ellos, aproximadamente 10,8 millones son latinos.
Estas cifras muestran el tamaño potencial de la población joven latina, pero no permiten afirmar que todos pertenezcan a la categoría ‘No Sabo Kids’. Tampoco significan que todos estén registrados, que vayan a votar o que compartan las mismas posiciones políticas.
La participación electoral de los jóvenes latinos ha mostrado variaciones importantes entre los últimos ciclos. CIRCLE estimó que el 14 % de los latinos de 18 a 29 años votó en las elecciones de medio término de 2022, mientras que en las presidenciales de 2024 la participación llegó al 32 %.
Aunque la comparación evidencia un aumento, se trata de dos tipos de elecciones diferentes. Las presidenciales suelen generar mayor movilización que las legislativas de medio término, por lo que esas cifras no permiten anticipar automáticamente el comportamiento de los votantes en 2026.
El contexto político también puede influir en la movilización de esta población. Las decisiones del Gobierno de Donald Trump sobre inmigración, las deportaciones y los procedimientos de detención han generado preocupación entre sectores de familias latinas, incluidas aquellas cuyos integrantes son ciudadanos estadounidenses.
Para algunos jóvenes, estas medidas pueden convertirse en un motivo para participar en las urnas, especialmente cuando afectan a sus familiares o comunidades. Sin embargo, no todos interpretan de la misma manera la política migratoria ni consideran que ese sea el asunto más importante al momento de votar.
El empleo, el costo de la vivienda, la educación, la atención en salud y la situación económica también forman parte de las preocupaciones que pueden orientar sus decisiones. La identidad cultural, por sí sola, no determina cómo vota una persona.
Una encuesta del Pew Research Center publicada el 16 de octubre encontró señales de mayor interés electoral entre los votantes latinos que respaldaban a candidatos demócratas para la Cámara de Representantes. El 77 % de ese grupo consideró muy importante quién controlará el Congreso, frente al 58 % registrado en una medición comparable de 2022.
El mismo estudio encontró que el 53 % de esos votantes se declaraba extremadamente motivado para participar en las elecciones, frente al 41 % de 2022. Además, el 45 % afirmó haber pensado mucho en los comicios, mientras que en la medición anterior la proporción era del 24 %.
Esos resultados reflejan el nivel de interés de un segmento de votantes latinos con inclinación demócrata, pero no deben interpretarse como una medición específica de los ‘No Sabo Kids’. La encuesta tampoco permite concluir que todos los jóvenes latinos respaldarán a ese partido.
De hecho, el comportamiento electoral de la población latina ha cambiado en los últimos años. Aunque históricamente ha mostrado una inclinación mayoritaria hacia los demócratas, el respaldo a los republicanos creció en las elecciones presidenciales de 2024, cuando Donald Trump obtuvo una proporción importante del voto latino.
Esa evolución obliga a evitar la idea de que existe un voto latino homogéneo. Las diferencias generacionales, económicas, regionales y familiares pueden producir posiciones distintas, incluso entre personas que comparten un origen cultural.
La influencia de los jóvenes latinos podría ser especialmente relevante en estados donde las contiendas legislativas se definan por márgenes estrechos. Texas, Arizona y Nevada, entre otros territorios con comunidades latinas numerosas, son escenarios en los que su participación puede tener consecuencias electorales.
No obstante, el peso demográfico no se traduce automáticamente en poder político. Para incidir en los resultados, los ciudadanos deben registrarse, acudir a votar y participar en procesos que también dependen de la distribución territorial de los electores y de la competencia entre candidatos.
El desafío de los partidos consiste en acercarse a una generación que no necesariamente se identifica con las estrategias tradicionales de comunicación dirigidas a la población hispana. En el caso de los ‘No Sabo Kids’, una campaña basada exclusivamente en el idioma español podría no conectar con sus experiencias cotidianas.
También está en discusión la manera en que se entiende la identidad latina en Estados Unidos. Para muchos jóvenes, hablar español no es una condición indispensable para reconocer sus raíces, mantener vínculos familiares o participar en expresiones culturales de origen latinoamericano.
Un estudio publicado en agosto de 2026 en la revista académica Language in Society, de Cambridge University Press, examinó las experiencias de jóvenes latinos angloparlantes frente a la descalificación lingüística y los estereotipos relacionados con su identidad. La investigación se suma al debate sobre la presión que enfrentan quienes no dominan el idioma de sus familias.
Esa discusión cultural tiene una dimensión política porque cuestiona las formas tradicionales de representar a la población latina. Los jóvenes pueden sentirse identificados con sus raíces sin necesariamente compartir las mismas referencias, prácticas lingüísticas o prioridades de generaciones anteriores.
Por ahora, no existen estadísticas oficiales que permitan establecer cuántos estadounidenses se identifican como ‘No Sabo Kids’, cuántos están registrados para votar o cuáles son sus preferencias partidistas. Por eso, atribuirles el comportamiento electoral de los millones de jóvenes latinos sería una generalización.
Su posible influencia en las elecciones de medio término no depende de que actúen como un bloque organizado, sino de su presencia dentro de una población joven que continúa creciendo y que puede resultar decisiva en distritos y estados competidos.
El resultado de los comicios permitirá observar hasta qué punto los votantes latinos participaron en esta jornada y qué efecto tuvo su comportamiento en la composición del Congreso. Más allá de las etiquetas culturales, los ‘No Sabo Kids’ representan una generación cuya identidad y participación política están contribuyendo a transformar el panorama electoral estadounidense.






