El expresidente Álvaro Uribe Vélez protagonizó un episodio poco común en la política colombiana al expresar públicamente su agradecimiento al presidente Gustavo Petro. El motivo fue la decisión del Gobierno de autorizar que su hermano, Santiago Uribe Vélez, sea recluido en una guarnición militar, luego de ser condenado por el caso del grupo paramilitar conocido como Los 12 Apóstoles.
A través de su cuenta de X, Uribe destacó que la autorización fue concedida pese a la profunda distancia política que lo separa del actual mandatario. “Agradezco al Gobierno Nacional, en nombre de mi familia, que no obstante ser yo opositor, se autorizó el traslado de mi hermano Santiago a una guarnición militar”, escribió el exjefe de Estado, precisando además que fue el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, quien le informó que Petro había aceptado los argumentos presentados por la defensa.
La decisión no modifica la situación jurídica de Santiago Uribe. Se trata únicamente del lugar donde cumplirá la medida privativa de la libertad, sin alterar la condena impuesta por la justicia ni los recursos que aún puedan presentarse dentro del proceso. El traslado a una instalación militar constituye una decisión administrativa sobre las condiciones de reclusión y no una revisión del fallo judicial.
El proceso contra Santiago Uribe ha sido uno de los casos más emblemáticos de la justicia colombiana en materia de paramilitarismo. La investigación se centró en su presunta participación en la conformación y apoyo al grupo conocido como Los 12 Apóstoles, una organización ilegal que operó en el norte de Antioquia durante la década de 1990 y que fue señalada de cometer homicidios selectivos bajo el argumento de combatir la delincuencia y la insurgencia.
Tras un prolongado proceso judicial que se extendió por varios años, un juez lo condenó a 28 años de prisión por los delitos de homicidio agravado y concierto para delinquir. La defensa ha sostenido que Santiago Uribe es inocente y ha cuestionado la valoración de las pruebas y la credibilidad de algunos testigos, mientras que las víctimas consideran que la sentencia representa un avance en el esclarecimiento de uno de los episodios más controvertidos del conflicto armado en Antioquia.
El agradecimiento de Álvaro Uribe llamó la atención precisamente porque se produce en medio de una de las relaciones políticas más tensas de la historia reciente del país. Desde que Gustavo Petro llegó a la Presidencia en 2022, ambos dirigentes han protagonizado constantes enfrentamientos sobre la política de seguridad, las reformas sociales, la paz total, la economía y el papel de las instituciones del Estado.
Petro ha sido durante décadas uno de los principales críticos del legado del uribismo, especialmente por las denuncias de violaciones a los derechos humanos durante la política de Seguridad Democrática y por su visión del conflicto armado. Uribe, por su parte, ha cuestionado reiteradamente las reformas impulsadas por Petro, ha advertido sobre los riesgos de sus políticas económicas y de seguridad y se ha consolidado como el principal referente de la oposición durante buena parte del actual gobierno.
Esa confrontación ha estado marcada por fuertes intercambios de declaraciones en redes sociales, diferencias sobre la implementación del Acuerdo de Paz, críticas a la política de “Paz Total” y posiciones completamente opuestas frente al manejo de la Fuerza Pública y la lucha contra los grupos armados ilegales. En ese contexto, cualquier gesto de reconocimiento mutuo adquiere un significado político especial.
Sin embargo, el episodio también refleja que, incluso en escenarios de alta polarización, pueden existir decisiones institucionales que trascienden las diferencias partidistas. El propio Uribe hizo énfasis en ese aspecto al agradecer que la solicitud de su familia fuera atendida “no obstante ser yo opositor”, destacando que el Gobierno no condicionó la decisión a la confrontación política que ambos han sostenido durante los últimos años.
Aunque el gesto no supone un acercamiento entre Petro y Uribe ni modifica las profundas diferencias que mantienen sobre el rumbo del país, sí constituye una imagen inusual en un escenario político caracterizado por la confrontación permanente. Mientras el proceso judicial contra Santiago Uribe continúa su curso en las instancias correspondientes, el agradecimiento público del expresidente deja uno de los pocos episodios de reconocimiento institucional entre dos de las figuras más antagónicas de la política colombiana contemporánea.






