El nuevo Gobierno de Abelardo de la Espriella comenzó con dos ataques contra infraestructura estratégica en Antioquia y Cauca, ocurridos entre el 7 y el 8 de agosto, en una jornada que puso a prueba desde sus primeras horas el discurso de autoridad y seguridad con el que el mandatario llegó a la Casa de Nariño. Aunque todavía no existe evidencia que permita afirmar que las acciones fueron coordinadas, los hechos adquieren una lectura política por su proximidad con la posesión presidencial y, en el caso de Porce III, por un mensaje explícito dirigido al nuevo jefe de Estado.
El primer episodio ocurrió el viernes 7 de agosto, durante la jornada de posesión presidencial, en la subestación de Policía de Porce III, ubicada en jurisdicción de Guadalupe, en el norte de Antioquia. Un dron cargado con explosivos fue utilizado contra la instalación policial, donde permanecían 11 uniformados encargados, entre otras funciones, de proteger la infraestructura de la central hidroeléctrica. El ataque no dejó policías heridos ni produjo daños de consideración, según el comandante de la Policía de Antioquia.
La importancia del ataque no estuvo solamente en el artefacto utilizado, sino también en el mensaje que lo acompañó. Un video atribuido por las autoridades al Frente 36 de las disidencias de las Farc, estructura asociada a alias Calarcá, registró la acción y mostró un mensaje dirigido al presidente: “Bienvenido Tigre”. El gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, identificó el material como correspondiente al Frente 36 y calificó el episodio como una provocación al nuevo Gobierno.
La referencia al “Tigre” resulta especialmente significativa porque ese es uno de los apelativos con los que De la Espriella construyó su identidad política durante la campaña. De esta manera, aunque el video no constituye por sí mismo una declaración formal de guerra al Gobierno, sí introduce un componente de desafío directo: una estructura armada quiso hacer visible que conserva capacidad para atacar a la Fuerza Pública justamente cuando el nuevo mandatario asumía el poder.
El ataque de Porce III también exhibió una modalidad que se ha vuelto cada vez más frecuente en el conflicto colombiano: el empleo de drones comerciales adaptados para transportar explosivos. Esta táctica permite a las organizaciones armadas atacar instalaciones policiales o militares sin exponer directamente a sus integrantes y, al mismo tiempo, producir imágenes que pueden ser utilizadas como propaganda o como demostración de capacidad operativa. En este caso, las autoridades señalaron que los uniformados lograron repeler la acción y que no hubo víctimas.
La reacción política fue inmediata. Rendón afirmó que el episodio representaba una provocación al Gobierno entrante y sostuvo que el Estado debería responder utilizando todas las capacidades disponibles de la Fuerza Pública. El mandatario departamental incluso contrastó la nueva administración con la política de seguridad del Gobierno de Gustavo Petro y aseguró que las estructuras criminales tendrían que enfrentar “toda la fuerza de la ley y de la justicia”.
Menos de 24 horas después apareció el segundo episodio, esta vez en el Cauca. Cerca de la 1:48 de la madrugada del sábado 8 de agosto fue reportada una explosión en el nuevo peaje de Mondomo, también conocido como peaje Cachimbal, ubicado en la vereda Cachimbal, jurisdicción de Santander de Quilichao, sobre la Ruta 2504. La estructura se encontraba en la fase final de construcción y sufrió graves daños por la activación de explosivos.
Testigos señalaron que varios individuos llegaron hasta el sitio aproximadamente a las 2:00 de la mañana, instalaron cargas explosivas y posteriormente se produjo la detonación. La estructura del peaje quedó destruida y también resultó afectada la infraestructura vial. La Agencia Nacional de Infraestructura confirmó que el ataque obligó inicialmente al cierre total de las dos calzadas mientras se realizaban las inspecciones técnicas para determinar las condiciones de seguridad de la carretera.
A diferencia de Porce III, hasta el momento no existe una atribución oficial concluyente del atentado de Mondomo a una organización armada específica. El hecho se produjo en una región con una larga presencia de disidencias de las antiguas FARC y con antecedentes de ataques contra la Fuerza Pública y la infraestructura de la vía Panamericana, pero sería prematuro adjudicar el ataque del 8 de agosto a una estructura determinada sin que las autoridades lo confirmen.
El contexto territorial, sin embargo, resulta relevante. Mondomo y el corredor Panamericano han sido escenario de acciones armadas anteriores. En mayo de 2026, por ejemplo, la Policía informó que había desactivado en La Agustina, jurisdicción de Mondomo, un cilindro con aproximadamente 60 kilogramos de sustancia explosiva de alto poder oculto en una alcantarilla, precisamente en un sector donde se construye el nuevo peaje.
El ataque también afecta un proyecto de importancia económica y estratégica para el suroccidente. El peaje forma parte del proyecto vial Popayán-Santander de Quilichao y su destrucción representa un golpe a una obra que pretende mejorar la conexión entre Cauca y Valle del Cauca. El gobernador Octavio Guzmán advirtió que lo ocurrido no podía entenderse únicamente como un daño material, porque los ataques sobre el corredor ponen en riesgo la movilidad, la actividad económica y la vida de quienes utilizan la Panamericana.
Los dos episodios, por tanto, tienen características diferentes. En Porce III hubo un ataque directo contra una instalación policial, atribuido por las autoridades al Frente 36 de las disidencias y acompañado de un mensaje dirigido al nuevo presidente. En Mondomo, en cambio, el blanco fue una obra de infraestructura vial y todavía no se ha establecido públicamente quién ordenó o ejecutó la acción. Esa diferencia impide hablar, por ahora, de una ofensiva coordinada de un único actor armado.
Sí es posible, no obstante, interpretar ambos hechos como un primer desafío al discurso de seguridad del nuevo Gobierno. De la Espriella llegó a la Presidencia con la promesa de recuperar el control territorial, fortalecer a la Fuerza Pública y abandonar la estrategia de negociaciones de la denominada Paz Total. Su equipo había anunciado incluso que desde el 7 de agosto se reactivarían las órdenes de captura contra los máximos responsables de organizaciones criminales.
Ese planteamiento significa un cambio sustancial frente a la política del Gobierno anterior y coloca a las estructuras armadas ante un escenario diferente. El Ejecutivo entrante ha planteado que los grupos ilegales tendrán que someterse a la justicia o enfrentar una ofensiva estatal, mientras que las organizaciones armadas conservan presencia territorial y capacidad para atacar instalaciones estratégicas. El episodio de Porce III puede leerse, en ese sentido, como una demostración deliberada de que el Estado todavía no tiene el control absoluto de todos los territorios.
El momento de los ataques también aumenta su carga política. Porce III ocurrió el mismo día en que De la Espriella asumió la Presidencia, mientras que Mondomo fue atacado en la madrugada siguiente. Esto permite hablar de una coincidencia temporal extraordinariamente significativa, pero no permite concluir que exista una operación coordinada ni que ambos hechos respondan necesariamente a una misma orden. Esa distinción será fundamental para evitar convertir una hipótesis política en una conclusión de inteligencia que todavía no está probada.
Lo que sí queda planteado para el nuevo Gobierno es un desafío inmediato: demostrar que su promesa de recuperar la iniciativa frente a las organizaciones armadas puede traducirse en resultados concretos. El primer mensaje del Frente 36, con el “Bienvenido Tigre” dirigido al mandatario, y el ataque contra una obra estratégica en el Cauca muestran que las estructuras ilegales conservan capacidad de intimidación y sabotaje. La respuesta de De la Espriella será, por ello, uno de los primeros indicadores de cómo funcionará en la práctica su prometida política de mano dura.






