El senador del Centro Democrático Rafael Nieto Loaiza se convirtió en una de las primeras voces de la derecha en expresar desacuerdos públicos con decisiones del gobierno del presidente electo Abelardo de la Espriella. Sus cuestionamientos se concentraron en dos asuntos: el nombramiento de Didier Blanco como director de la Unidad Nacional de Protección (UNP) y la propuesta de realizar la posesión presidencial en una guarnición militar en Popayán.
En el caso de la UNP, Nieto reaccionó después de que se difundieran antiguos trinos de Didier Blanco con expresiones ofensivas contra dirigentes políticos, periodistas y medios de comunicación. Aunque aclaró que no conoce personalmente al nuevo funcionario, afirmó que el nombramiento le parecía “muy desafortunado” por el tono de esas publicaciones.
El senador también manifestó que desconocía si la designación de Blanco obedecía al proceso de meritocracia promovido por el nuevo Gobierno y agregó que esperaba que no fuera así. A su juicio, la trayectoria y el comportamiento público de quien dirija la UNP deben responder a estándares de imparcialidad y prudencia.
En el mensaje publicado en su cuenta de X, Nieto sostuvo que el problema no radica únicamente en el lenguaje utilizado por Blanco, sino en la naturaleza del cargo que ocupará. Recordó que la Unidad Nacional de Protección tiene la responsabilidad de brindar garantías a personas de distintas tendencias políticas y sociales, incluidos periodistas, opositores y contradictores del Gobierno.
Por esa razón, concluyó que “sería deseable corregir ese nombramiento”, convirtiéndose en uno de los primeros dirigentes cercanos al espectro político de la derecha en solicitar públicamente que el Gobierno reconsiderara la designación del nuevo director de la UNP.
Las diferencias también quedaron en evidencia frente a la propuesta de realizar la posesión presidencial en el Teatro Guillermo León Valencia de Popayán y posteriormente en el Cantón Militar de esa ciudad. Nieto votó en contra de la iniciativa y defendió que el juramento presidencial debe mantenerse ante el Congreso de la República como expresión de la supremacía del poder civil.
Durante el debate en el Senado argumentó que el Congreso representa a todos los colombianos, mientras que el presidente es elegido por una mayoría electoral determinada. Según explicó, la tradición constitucional colombiana establece que el jefe de Estado debe posesionarse ante la representación popular y no ante las Fuerzas Militares.
El senador fue aún más allá al afirmar que las posesiones presidenciales en instalaciones militares han estado asociadas históricamente con gobiernos de facto o dictaduras. En declaraciones posteriores sostuvo que “solamente los dictadores lo hacen allá”, insistiendo en que el simbolismo institucional de la ceremonia debe preservarse.
Nieto aclaró que no se opone a que el nuevo presidente rinda un homenaje a las Fuerzas Militares y a la Policía Nacional. Sin embargo, considera que ese reconocimiento puede realizarse después de la posesión constitucional y no como escenario principal del acto de transmisión del mando presidencial.
Las dos posturas han sido interpretadas como una muestra de independencia frente al nuevo Gobierno. Aunque comparte con Abelardo de la Espriella posiciones en temas como la seguridad y la defensa del Estado de derecho, Nieto ha dejado claro que mantendrá criterios propios cuando considere que una decisión afecta principios institucionales o el funcionamiento de las entidades públicas.
Las intervenciones del senador evidencian que, pese a la amplia coincidencia política existente entre distintos sectores de la derecha y el nuevo Gobierno, ya comienzan a aparecer debates internos sobre la forma de ejercer el poder. Tanto en el caso de la UNP como en el de la posesión presidencial, Rafael Nieto ha centrado sus críticas en la importancia de preservar la institucionalidad, la neutralidad de las entidades públicas y la tradición constitucional colombiana.






